Emiliano García Chavarría
Dice un aforismo que la justicia tardía no es justicia, pero en los tribunales del país reine la burocracia disfrazada de seminarios.
En el Tribunal de Apelaciones siempre los magistrados están en capacitaciones que el Estado les proporciona con la ingenua idea de hacer más diligente la administración de justicia, pero las apelaciones nunca terminan de subir de secretaría a los magistrados, ni de bajar. Los magistrados son seminaristas que llegan a las nueve de la mañana y se retiran a las doce del día, para volver a las tres de la tarde y abandonar el trabajo a las cuatro de la tarde.
En lo personal y en perjuicio de mi hijo, José Iván García Andino, hay dos recursos de apelación que tienen más o menos dos años de sufrir los efectos de esos seminarios, talleres, capacitaciones, o del horario intermitente de los magistrados.
La Corte Suprema de Justicia acéfala debe hacer cumplir los términos legales para los recursos y que haya justicia en tiempo y forma.
Jinotega