Los hijos del río Coco

Orlando [email protected] Atacados por los males más comunes del tercer mundo: pobreza, malaria, diarrea, desnutrición, tuberculosis, enfermedades respiratorias y analfabetismo, los hijos de los indígenas miskitos de las riberas del río Coco sobreviven de la misma manera que lo han hecho por siglos sus padres y los padres de sus padres: A la buena de […]

Orlando [email protected]

Atacados por los males más comunes del tercer mundo: pobreza, malaria, diarrea, desnutrición, tuberculosis, enfermedades respiratorias y analfabetismo, los hijos de los indígenas miskitos de las riberas del río Coco sobreviven de la misma manera que lo han hecho por siglos sus padres y los padres de sus padres: A la buena de Dios.

Para ellos su mundo es lo que ven a su alrededor: selva y río. Sólo conocen la luz del sol que de día les curte la piel y del candil que por las noches los mayores encienden para conversar a la orilla de la cocina.

No conocen los carros, pero sí el rugir de los motores de las pangas y pipantes de madera que a diario pasan frente a sus comunidades. Nunca han visto cine ni televisión y en muchísimos casos ni escuchado una emisora de radio. Por eso no conocen de violencia, crímenes y corrupción.

Un pedazo de bambú sobre un tronco es suficiente motivo para jugar por horas en este sube y baja de tecnología biodegradable. Un cocotero alto y viejo es un desafío para los más pequeños escaladores de la familia. Un olvidado pipante a la orilla del río, es el palco predilecto para ver pasar por los cielos bandadas de loras hacia sus nidos y saludar el paso de los viajeros que bajan el río en pequeñas balsas de caña de bambú.

Una hamaca para dormir y despertar feliz, un pedazo de fibra de polietileno para elevar a los aires un cometa de plástico, una “hulera” para cazar aves y animales en el bosque, es un tesoro en manos de estos niños.

Para ellos no hay Navidad, porque la noche del 24 de diciembre sólo es la noche que antecede al día 25 y demás días de fin de año.

Ellos no conocen de celulares, de chats, de McDonald´s, On The Run, cinemas, hoteles, CD Player. Una muñeca de trapo vale más que un Rolls Royce en las manos de una niña del río Coco. Un poco de atención a estos niños vale más que un “todo incluido” en todas las súper tiendas, súper hoteles, súper cines y supermercado del mundo.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí