118

Irving Prado El pasado fin de semana me encontraba con un grupo de amigos/as en un centro de diversión, en Camino de Oriente de Managua. Un apagón acabó con la celebración de decenas de personas que nos encontrábamos en dicho lugar. Como si fuésemos animales, procedieron a detenernos ilegalmente. Enllavaron la puerta y no dejaban […]

Irving Prado

El pasado fin de semana me encontraba con un grupo de amigos/as en un centro de diversión, en Camino de Oriente de Managua. Un apagón acabó con la celebración de decenas de personas que nos encontrábamos en dicho lugar. Como si fuésemos animales, procedieron a detenernos ilegalmente. Enllavaron la puerta y no dejaban salir a nadie en medio de la oscurana. Lógico. Hasta que no pagáramos la cuenta, no podíamos salir. La gente pidiendo salir incrementó el nivel de histeria de muchas personas en el recinto.

Marqué en mi celular el número de emergencias de la Policía, *118, y luego de explicar la situación al recepcionista éste me recomendó pagar mi cuenta y salir del lugar, como si no era eso lo que estaba tratando de hacer desde hacía más de media hora. Pedí su nombre y colgó el teléfono. Decepcionado por la forma en que me habían atendido en la Policía, me enfoqué a apurar el pago de la cuenta.

Ante los gritos de la gente y los elevados ánimos hice una segunda llamada. Me contestó otro señor a quien repetí la explicación del problema; me pidió mi nombre y número de teléfono y se los di sin ningún problema, confiando en que esta vez la Policía iba a realizar su labor. Al yo preguntarle su nombre, otra vez me cortaron la comunicación. Minutos después llegó la cuenta y en una estampida logramos salir.

Es decepcionante que cualquiera pueda cometer un acto ilegal contra uno, violar los derechos de decenas de personas y no exista nadie que responda por esas anomalías. El *118 es una farsa, así como el eslogan de la Policía: “Con profesionalismo y legalidad, fortalecemos la seguridad”.

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