E. María Martínez
Los caudillos le hacen daño al pueblo pero más nefastos son quienes los rodean. Ellos ya jugaron su papel en la historia de Nicaragua y, aunque les duela, son gente del pasado. Alejándose de la escena política le harían un gran bien a Nicaragua. Queremos ver otras caras de dirigentes. No es posible que con cinco millones de habitantes no haya nadie, según ellos, capaz de reemplazarlos. Se creen indispensables. Como la historia se repite, volvimos a la época de Somoza viendo los mismos serviles, pero con otros nombres. Que descansen en la paz del Señor los que murieron por el cambio.