Alfonso Dávila Barboza
Es lamentable que los asesores políticos, en su mayoría, por intereses pecuniarios y personales no asesoran con la verdad y la sinceridad al gobernante. Y sucede que éste, encumbrado por el poder y el servilismo, desoye los buenos consejos que otros le brindan. Esto favorece que los asesores, consejeros políticos y personal cercano a la máxima autoridad encuentren que la lisonja, la mentira y los cantos de sirenas le agraden en sumo al asesorado. Los mejores aduladores ganan prebendas múltiples y eso provoca celo y envidia en los apartados del afecto de los gobernantes. Y surgen las rivalidades y las intrigas destructivas.
Recordemos cómo dos bribones, sastres de profesión, burlaron, exhibieron y ridiculizaron al rey, ya que en colusión con los aduladores le hicieron creer a su majestad que le habían confeccionado un traje único y era su precio fabuloso. Los aduladores consejeros convencieron al rey que comprara el traje y por bando invitaron a la población estar en horas de la mañana en la calle principal, para verle desfilar con su traje exclusivo. Temprano llegaron los sastres al palacio y simularon con maestría vestir al rey. Éste, vanidoso, expresó muy contento que el traje le quedaba bien, comenzó el desfile y el pueblo aplaudía, pero a las pocas cuadras aparecieron tres niños: la inocencia, la verdad y la dignidad. Y gritaron al unísono: “El rey va desnudo, cubran al rey”.
La moraleja es que los gobernantes deben tener mucho cuidado con la vanidad y con los asesores aduladores, acomodaticios y bribones.
Asesor Legal Penal
Masaya