Carlos Castillo Chavarría
Los nicaragüenses parecemos almas en pena, atrapados entre un paraíso de lagos, volcanes y un inframundo que nos condena a problemas aparentemente imposibles de resolver y a la resignación.
¿Qué falla impide traducir los éxitos teóricos en bienestar real? La corrupción es uno de los lastres. Estimar su costo exacto es imposible ya que el país sufre tanto por lo que se pierde como por lo que se deja de ganar. Las corrupción afecta la moral y la gobernabilidad de Nicaragua, ahoga la economía, desalienta la inversión privada al aumentar los riesgos y costos que enfrentan los empresarios. Los efectos sobre financiamiento extranjero son desastrosos porque reducen la competitividad de la nación. Nicaragua deja de percibir muchos millones de dólares por la falta de transparencia. La corrupción afecta a los estratos bajos de la sociedad de una manera cruel.
A diferencia de los otros cambios que requiere el país y que están en manos de los caudillos, diputados, jueces, magistrados, fiscales y contralores, la lucha contra la corrupción y sus resultados es un trabajo no sólo del Presidente de la República, sino de todos los nicaragüenses.
Dante, al entrar al paraíso expresó (La Divina Comedia) que: “Una pequeña chispa genera una gran flama” (…) “si el mundo se destruye, la causa en ti debe ser buscada”.
Los Altos, California