Marco Mayorga L.
El Grupo Consultivo nos visitó y las conclusiones de la comunidad internacional fueron: continúen la responsabilidad macroeconómica, no gastes más de lo que tienen; institucionalicen el país para que la justicia funcione, para que las elecciones adquieran credibilidad, para que la administración publica sea ágil y eficiente, para atraer inversiones; acepten el Plan Nacional de Desarrollo porque es necesario generar riqueza sin interrupción y generar empleos productivos.
Son cosas básicas para todo país viable. Las sabemos, pero no las hacemos y la pobreza ha crecido a niveles vergonzosos, al extremo que la ayuda es imprescindible para la sostenibilidad de Nicaragua. Pero hoy puede sentirse cierta esperanza.
Se ha despejado el panorama y hay posibilidad de acceso a la HIPC, es decir podrán condonarnos préstamos; es el inicio y de nosotros depende encauzar u organizar el país, adquirir capacidad de generar riqueza. Tendremos nuevamente acceso a préstamos productivos para inversión pública o generación de riqueza. Pero es necesario ser realista, la HIPC no significará mejoría inmediata, es el inicio o punto de partida a otra oportunidad, como país, de hacer la cosas correctas. Oportunidad de salir del círculo de la ineficiencia y de organizar a Nicaragua al rumbo del progreso.
Para conquistar empresas, inversiones, donantes, ayudas y préstamos internacionales es preciso contar con un escenario de largo plazo, toda inversión debe proyectarse a más de 15 años. Seamos cabales, hoy no podemos proyectar mentalmente a Nicaragua una estabilidad a diez años. Esto se logra con macroeconomía estable, institucionalidad y democracia, pero será menos complicado hasta que los partidos políticos dejen de utilizar las instituciones públicas como el escenario o campo de luchas o forcejeos políticos internos, influyendo en el resultado y eficiencia de la gestión pública. La meta es: construir y cimentar un Estado de Derecho que ofrezca seguridad jurídica y administración eficiente de la justicia.
La construcción de riqueza debe ser ininterrumpida, consistente, concentrada y consensuada. El Plan Nacional de Desarrollo para sorpresa de muchos fue bien visto y catalogado de excelente por la Comunidad Internacional, reconociendo que no está tallado en piedra, y puede tener aportes concretos. Algunos sectores han expresado que el plan poco o nada se refiere a la parte social. Pero comparándolo con otros planes exitosos, escuchar a expertos y conocedores coincide que un plan de desarrollo está orientado a la creación de riqueza, que la política social se expresa en cada presupuesto y enfoque de distintos gobiernos. Más inversión, más empresas, más pagadores de impuestos, en ese momento el Estado obtendrá más ingresos para destinarlos al área social. Entonces las políticas sociales y de desarrollo humano deben existir, pero no en el plan de desarrollo.
El resultado más importante será la generación de empleo permanente y productivo; que acarrea mejora social, dinamismo de la economía y un cambio en el nivel de vida, la actitud, la esperanza y el futuro de la persona. Cambia el panorama nacional de necesidades sociales; y estas personas sustituyen o modifican la necesidad de apoyo social de parte del Estado.
El empleo determina el grado asistencial de cada año. Entonces el enfoque social no está en el Plan Nacional de Desarrollo, está en el Presupuesto Nacional anual, en el plan de estrategia de reducción de la pobreza, en el plan de educación, en el plan de salud, en el plan de vivienda y otros planes que se realizan independientes.
Ha tomado tiempo ordenar las ideas, enfocar el país y orientar la opinión pública hacia estos compromisos; es necesario superar la dificultad del pasado en diferenciar progreso económico, organización institucional y ambiente político.
Está pendiente superar enfatizar lo positivo sobre lo negativo y ver las oportunidades de Nicaragua, continuar luchando contra la mentalidad populista, contra los que siempre están en contra, contra los que casi nunca ejecutan. Aclarar y definir la meta, señalar el camino que nos conduce e iniciar a caminar, a ejecutar y accionar el Estado hacia ese rumbo. No desaprovechemos esta oportunidad que nos otorga la comunidad internacional.
El autor es ex Presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua.