Orlando Barreto Argüello
José María Zelaya, Chemita, creía en lo que practicaba como abogado bancario. Le entusiasmaba asistir al diplomado en el que yo exponía el derecho bancario “desde la acera de enfrente”. Siempre le invité y él siempre concurrió a exponer sus puntos de vista. Era pacífico, firme, afable, como son los sabios de verdad.
Y ahora este enérgico, provocador y efusivo Chemita, ¿con quién podrá debatir si los contratos de los bancos —como él afirmaba— son mercantiles o si —contra lo que él creía— los jueces han de dar trámite a demandas bancarias sólo conforme a los artículos 60 y 77 de la Ley 314?
Pero eso no tiene importancia. Lo trascendental es que Chemita se ganó, con su vida ejemplar, el derecho a descansar en paz.