Francisco Talavera N.
Era de esperarse. Un gobierno débil en manos de un gobernante débil, rehén de dos fuerzas corruptas. La una integrada por ex guerrilleros que bajaron de la montaña tan sólo con fusil, pelo y piojos y que diez años después eran ya prósperos empresarios cargados de dinero. La otra, organizada y financiada desde Miami, reducto de gángsteres, de sus aprendices criollos ansiosos de fortuna.
Un Poder Judicial corrupto, producto del pacto de esas dos fuerzas y controlado por una de ellas con la consigna de proteger sus intereses y los de sus miembros, una juez oscura y de pasado dudoso, que es gran ganadora en la contienda, porque gracias a su acción tiene garantizada una magistratura, la cual, a diferencia de la sinecura que obtuvo en su momento “su” reo, no sería regalada, sino bien ganada, porque nadie puede negar que la magistratura le está costando sudor y lágrimas.