Zacarías Chamorro
La Nicaragua que todos queremos construir, hoy más que nunca se ve lejana y avasallada. Está cada vez más largo que los más capaces sean nombrados a puestos claves, que un “hombre de éxito” no sea el empleado público que puede costearse una mansión de un millón de dólares y después burlarse de la pobreza de los 4.5 millones de paupérrimos víctimas del latrocinio masivo.
La podredumbre y descomposición social en que Nicaragua se empantana no la curarán los EE.UU., Powell y Fisk dijeron la verdad, pero ésta sólo se puede apreciar desde afuera, desde la comodidad de un país que no tiene compromisos con los ridículos pero localmente fuertes caciques políticos de Nicaragua.
Powell habló muy temprano y creyó que con eso iba a unir a los liberales. Pero provocó una reacción en cadena en la que los sandinistas manipulan a los arnoldistas, cuyo único punto de agenda es liberar a Alemán, y ya lo lograron gracias a Daniel Ortega.
Ahora oiremos de los dos partidos mayoritarios consignas antiyanquis y el nacionalismo se lo darán a las masas apáticas que se dejan robar sus instituciones, su justicia, y no protestan por estos abusos. Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.