Roberto J. Martínez
Tiene mucha razón don Luis Sánchez Sancho, al escribir en su columna (Y además, Filosofía, viernes 21 de noviembre) que “el gobierno chambón de Arnoldo Alemán mandó a fusilar la filosofía de Pitágoras, Tales, Sócrates y todos los demás filósofos posteriores, y la eliminó de los programas de educación”.
Yo fui compañero de estudios secundarios de Arnoldo Alemán en el Instituto Pedagógico. Resulta que nuestro profesor de Filosofía era un médico (doctor Chavarría), conservador hasta las cachas. Debido a que esa materia el profesor la hacia tan aburrida, algunos alumnos nos aprovechábamos de la “hora de la confesión”, los viernes a las 10:00 a.m., para escurrirnos por la capilla y escaparnos a la calle. También Arnoldo y su hermano Antonio corrían a “confesarse”, simplemente para escaparse del aburrimiento de la Filosofía.