- Entre tres y cuatro mil nicaragüenses venden agua en bolsitas en Managua, ellos forman parte de un ejército de desempleados que se ganan la vida de la venta en las calles
Stefan Boss [email protected]
A las 8:30 la mañana delante de un semáforo en Managua, dos chicos están vendiendo periódicos. Uno lleva LA PRENSA, el otro El Nuevo Diario. Un automovilista, a 20 metros de los muchachos, toca la bocina para señalar que quiere comprar. Uno de los chicos corre como puede hacia el carro. Cuando el conductor se da cuenta que no se trata del periódico que quiere, toca la bocina de nuevo. El compañero corre también rapidísimo, y en pocos segundos el negocio está hecho.
No hay mal que por bien no venga. El fenómeno de los vendedores ambulantes tiene también su cara práctica: el mínimo esfuerzo para el consumidor que va a trabajar y que quiere comprar algo rápidamente. Hay miles de vendedores callejeros en Managua. Según la Alcaldía, sólo en la capital existen entre 3,000 y 4,000 vendedores de agua.
Juan Carlos Castrillo, de 23 años, es uno de ellos. Como perdió su ocupación en una fábrica de bloques, tenía que buscar otro trabajo.
“Pase lo que pase, a diario tengo que llevar 50 córdobas para la comida”, dice el joven, quien tiene una familia con un niño chiquito. Compra 10 bolsas de agua por un córdoba y vende la bolsa por cinco reales.
Con la venta de agua en autobuses, estaciones de buses y en la carretera, Juan Carlos Castrillo gana entre 70 y 80 córdobas al día. “Vamos todo el día corriendo de un lado al otro” explica el joven, añadiendo que le gusta el trabajo, porque no hay nadie que le mande.
MERCADO LABORAL NO RESPONDE A DEMANDA
“La economía actualmente no es capaz de responder a los 80,000 personas que cada año piden trabajo por primera vez en Nicaragua”, explica el sociólogo independiente Oscar René Vargas, en su casa en Managua.
El fenómeno del desempleo tiene dos expresiones, según Vargas. Una es la migración, sobre todo a Costa Rica y a Estados Unidos. La otra es el desempleo informal, que consiste en la gente ambulante en la calle y también en personas que, por ejemplo, cargan cosas en el mercado sin obtener un salario fijo.
Doce años atrás, Sarita Arauz era contadora en una empresa. Ahora, está en medio de la Carretera Norte de Managua y vende caramelos, chicles, ambientadores y repuestos para celulares. El salario en la empresa no le daba para vivir, y se fue a vender a la calle. “Es una miseria, en otro trabajo apenas te dan 30 pesos”, expresa.
Vendiendo por la calle, ella gana al menos 100 córdobas diarios. Ana María López, que está a su lado, tiene mucha experiencia porque ha vendido ya de todo: artesanía, cajetas, caramelos. Ahora se ha dedicado a naranjas, que compra en el Mercado Oriental. Con este negocio gana entre 60 y 80 córdobas. No tenía antes otro trabajo.
Un trabajador en la Zona Franca industrial cerca del aeropuerto, gana 25 dólares a la semana, explica el sociólogo Oscar René Vargas.
“Creo que algunas personas, no todas, que trabajan en el sector informal, pueden ganar más”, confirma Vargas. Él teme que el sector informal se incremente todavía más en el futuro. En los últimos 30 años, el crecimiento del Producto Interno Bruto ha sido 0,58 por ciento por año. “Si esta situación no se mejora, el sector informal va a crecer”, expresa el sociólogo, quien subraya que la población crece cada año 2,9 por ciento.
PND NO TRAE SOLUCIONES
¿Y qué opina el científico del trabajo del gobierno de Enrique Bolaños, que prometió crear más empleo? “En los últimos dos años no había más empleo. Personalmente no veo una serie de proyectos o el plan que va a permitir crear más empleo”, dice el sociólogo, añadiendo que el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno central no va a resolver el problema.
Es probable que más y más personas vayan a compartir el destino de Germán López. Años atrás, este señor de unos 40 años trabajaba como administrador en una empresa. Ahora está en el bulevar central de la Carretera Norte. Vende alfombras, cojines y otros accesorios para vehículos. “Gracias a los automovilistas llevamos el pan nuestro de cada día al hogar”, dice él, tratando de dominar con su voz el ruido infernal del tráfico.
INSEGURIDAD VS. NECESIDAD
Para Héctor Gatica, delegado del Distrito Dos de la Alcaldía de Managua, el problema número uno en relación con los vendedores de la calle es la inseguridad, porque los delincuentes se meten también a este tipo de actividad.
“Para los vendedores y para los clientes hay una inseguridad muy grande”, dice el delegado de la Alcaldía.
“Hay tres puntos en Managua que son peligrosos”, expresa Gatica. Menciona los semáforos en el barrio Jonathan González cerca del Hospital Militar; la rotonda del Cristo Redentor, cerca del barrio Jorge Dimitrov; y al lado del cine González, donde está el monumento al trabajador.
Otro problema está en la suciedad que produce la venta en la calle. “La gente bota bolsas, envases y botellas. Por ejemplo, cerca del Parque Las Piedrecitas hay una actividad enorme porque es una entrada y una salida de la capital”, dice Gatica.
Gatica admite que hay algunos ciudadanos en su distrito se han quejado de los vendedores, por la inseguridad y el desorden. Pero dice que la Alcaldía no piensa reprimir a los vendedores callejeros. “Es un problema estructural económico. Los vendedores ambulantes tienen derecho a buscarse la vida”.