- “El Matador” es lo más impresionante en el cuadrilátero en los últimos 20 años
José “Chegüí” Torres
NUEVA YORK.- El campeón mundial de los pesos welter, el nicaragüense Ricardo Mayorga, es lo más impresionante que he visto en un cuadrilátero en los últimos veinte años. Tiene una fenomenal combinación de carácter, inteligencia, tiempo y certeza dentro del cuadrilátero, diseñada accidentalmente por sí mismo, la cual ha sido demostrada por muy pocos otros en el mundo del atleta más malentendido en la faz de nuestro planeta.
Es una figura que ha sido mal-juzgada porque lo han visto fumando, o tomando licor pocos días antes de sus combates. Otros los han visto diciendo o haciendo “barbaridades” poco común en el mundo deportivo. Y todo esto después de haber vivido en un medio ambiente lleno de pobreza y crimen, en un sector de su pueblo, Managua, donde, según sus mismas declaraciones, la droga ilegal abrumaba la vida y el futuro del hombre joven.
Las historias más excitantes del pugilista nicaragüense tienen que ver con su forma de manejar autos. Hay quienes dicen que las experiencias del campeón detrás de un guía ha llevado a Carl King, hijo de Don King, a rezar por su alma mientras Mayorga lo paseaba por las calles de Managua a exceso de velocidad. Según el titular de los welters, el susto de Carl fue tan prominente que “el color de su piel se le puso blanca, y su pelo se le paró ‘igualito a como lo tiene su padre’.”
Hay cuentos que colocan al gran campeón manejando su pequeño auto a más de 60 millas por hora por debajo de un trailer también en marcha en su país.
“Yo sólo quería asustar a Carl,” le dijo Mayorga a Tony González, su intérprete y abogado, “pero creo que ésta fue la primera y última vez que se montó conmigo en un auto manejado por mí”.
Quien sepa sobre boxeo y haya visto las últimas peleas de Mayorga debe comprender que “El Matador” es un magnífico apodo para la magnífica estrella nicaragüense.
El pasado 25 de enero, en el New Orleans Arena de Las Vegas, Mayorga se tomó sólo tres asaltos para despachar al gran Vernon Forrest, en un triunfo sin ninguna dificultad. Seis meses más tarde, en una revancha llena de opiniones ofensivas de ambos lados, y los que insistían en que el primer combate había sido estrictamente cuestión de suerte para el lado de Mayorga, quedaron sorprendidos cuando “El Matador” logró mantener buena consistencia y habilidad pugilística para ganar una decisión mayoritaria bien peleada ante 6,272 fanáticos.
Mayorga no es el tipo de atleta que se esconde para hacer lo poco acostumbrado en público. Docenas de personas lo han visto en grata compañía de féminas exhalando nicotina al azar con una mano, y un vaso de licor en la otra.
Sin embargo, cuando está dentro del cuadrilátero, enjaulado por cuatro sogas tensas y frente a un oponente con manos enguantadas, su mente se concentra en la estrategia y técnica de su profesión. Se la pasa buscando cómo conectar en el sitio y momento apropiado. No le importa ni el estilo ni la forma como lo hace después que lo aplique en forma justa y legal. Lo hace sin coraje, sin rugir, sin chistar, pero con la objetividad y frialdad de un médico genial ejecutando la cirugía de su vida.
Hay a quienes les encanta lucir bien como los grandes estilistas de sus tiempos: Ray Robinson, Willie Pep, Jersey Joe Walcott, Ray Leonard, Joe Louis, Roy Jones, Willie Pastrano, Gene Tunney.
Ricardo Mayorga no es de esos, el magnífico boxeador nicaragüense es del otro grupo: de los de Jack Johnson, Jack Dempsey, Rocky Marciano, Carmen Basilio, Gene Fullmer, sabios del deporte, pero sin ningún tipo de estilo encantador.
Vale repetir, que este tipo de pugilista te pega cuando menos lo esperas y en los lugares más sensitivos de tu estructura física. Y lo hacen más a menudo que cualquier otro rival que jamás uno haya tenido.
Tomado de ESPN