EE.UU.

Eduardo Parrales Sánchez Soy nicaragüense pero tuve la oportunidad de vivir más de 16 años en Miami, Florida. Estados Unidos nos abrió la puerta y nos dio refugio cuando mi familia se vio obligada a salir de Nicaragua. Haber vivido más de la mitad de mi vida en EE.UU. y estudiado en su sistema educacional […]

Eduardo Parrales Sánchez

Soy nicaragüense pero tuve la oportunidad de vivir más de 16 años en Miami, Florida. Estados Unidos nos abrió la puerta y nos dio refugio cuando mi familia se vio obligada a salir de Nicaragua.

Haber vivido más de la mitad de mi vida en EE.UU. y estudiado en su sistema educacional (desde primaria hasta la universidad), me hacen no pasar por alto lo que expresó la ex funcionaria de la Embajada Americana en Managua, en el famoso informe. Sus palabras irrespetuosas no me sorprenden. No hay más que leer y estudiar la historia de su país para saber que este modo de pensar no es nuevo, pues han dicho y hecho cosas peores a sus mismos ciudadanos (afro-americanos y nativos). La misma historia nos enseña cómo se ha maltratado, marginado y explotado a norteamericanos que no son de ojos azules ni piel blanca.

Nicaragua es un país empobrecido por andar tomando partido en asuntos ajenos (conflicto del Oeste con el Este). Pero con gente que en su gran mayoría tiene gran corazón, honestidad, amabilidad y muy trabajadora, tenemos las cifras más baja de criminalidad en Centroamérica, incluso a nivel de América Latina.

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