Colegio

Elsa Gómez M. Vuelve al debate el caso del Colegio de Periodistas, satanizado al extremo por algunos periodistas, directores y dueños de medios de comunicación social; otros lo ven con escepticismo y muchos como el instrumento de reivindicación social y profesional. Si en algo todos estamos de acuerdo es en la necesidad de contar con […]

Elsa Gómez M.

Vuelve al debate el caso del Colegio de Periodistas, satanizado al extremo por algunos periodistas, directores y dueños de medios de comunicación social; otros lo ven con escepticismo y muchos como el instrumento de reivindicación social y profesional.

Si en algo todos estamos de acuerdo es en la necesidad de contar con un instrumento legal que proteja y promueva la profesión dentro de un marco ético y académico. Después de todo el periodismo informa, educa y entretiene.

Quienes comentan sobre la ilegalidad de la colegiación utilizan viejos y trillados argumentos que lanzó la Sociedad Interamericana de Prensa en contra de su creación: que es violatoria a la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Constitución de la República pues “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión…”, que está en contra de la libre contratación, que es un instrumento represivo, etc.

¿Acaso no sería inconstitucional restringir el derecho de asociación? ¿No constituye un serio peligro el libertinaje y abuso en perjuicio de otras personas al ejercer un periodismo sin responsabilidad? Los colegios profesionales son instituciones de seguridad social, pues no solamente protegen al profesional sino también, y en forma muy especial, a la comunidad en general, al controlar el ejercicio honorable y legal de las profesiones.

El artículo 32 de la CDIH estatuye que “los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bien común, en una sociedad democrática”.

No veamos al Colegio de Periodistas como algo ajeno a cada uno de nosotros; aquí lo que está en juego es la calidad profesional. El periodismo ya no es un ejercicio romántico de la vocación social de los quijotes que lo asumieron más como magisterio y sacerdocio que como medio de lucro o acumulación de bienes y riquezas. Hoy el periodismo en Nicaragua es más un medio de control y manipulación, y son muchos los diablos y poca el agua bendita. Tan es así que hasta la solidaridad entre el gremio se ha perdido, pero lo importante es la calidad y así lo juzgará el pueblo, quien tiene la última palabra.

Periodista

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