Angustia

Mariela Vílchez Vado Al aproximarse el fin del año escolar se nota en los rostros de muchos estudiantes la angustia por la posibilidad de dejar alguna materia, la alegría de pasar a otro año, la tristeza de pasar más tiempo en casa y de no ver a los compañeros de clase. En la etapa final […]

Mariela Vílchez Vado

Al aproximarse el fin del año escolar se nota en los rostros de muchos estudiantes la angustia por la posibilidad de dejar alguna materia, la alegría de pasar a otro año, la tristeza de pasar más tiempo en casa y de no ver a los compañeros de clase.

En la etapa final hay una satisfacción de haber vencido todos los obstáculos que se presentaron, como por ejemplo no tener para el pasaje del bus, para comer algo a la hora de receso, tener que prestar el material de estudios para medio verlos y hacer un plus esfuerzo en lo que se tenía que aprender, no tener el uniforme completo y usar una prenda que era de los domingos. Y así como se presentaron dificultades también hubo momentos de gozo.

Son tantos los recuerdos que se recopilan en todo un año y se sellan con algunas dinámicas como el famoso cuaderno de recuerdos en el que se hacían preguntas, desde la más normal hasta la más atrevida.

Todo esto es más acentuado en los estudiantes que salen del bachillerato, con la nostalgia que no volverán más las aulas de clase y que ingresarán a otras donde el ambiente da un giro de 90 grado. Y así nace el motivo de dejar un recuerdo visible para las generaciones que siguen; como dejar bancas nuevas, aulas pintadas, libros para la biblioteca.

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