Fabio Vásquez Ló[email protected]
La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) define como entorno o Comunidad Rural aquel ámbito territorial con menos de 150 habitantes/Km2, mientras que una densidad de población mayor definiría una Comunidad Urbana. Tal definición nos lleva a la consideración de grandes zonas rurales en todos los países del mundo con una tipología de espacio más o menos abierto y pequeñas o medianas poblaciones, con predominio de la agricultura y la ganadería, amén de los países más avanzados donde se ve incluido el sector de transformación o industrialización y también el de distribución a menor o mayor escala, y aquellas industrias y servicios ligados al sistema. El espacio complementario a las Comunidades Rurales estaría formado por las zonas periurbanas y las zonas urbanas.
Huillet (1994) plantea que las zonas rurales engloban el conjunto de población, el territorio y otros recursos del campo y los pequeños centros de población, situados fuera de la esfera de influencia económica directa de los grandes centros urbanos. La “Ruralidad” es un concepto espacial o territorial. Este término no designa ningún tipo de explotación particular de la tierra, ni un nivel determinado de desarrollo económico, ni un sector determinado sino por el contrario la posible confluencia e ínter vinculación de varios sectores o subsectores, todo ello considerado como sistema. Esta es la cuestión, este es el camino a tomar o directriz a seguir con las actividades e iniciativas que puedan promoverse.
Todos somos conscientes del conjunto de acechos negativos a las Comunidades Rurales, producto del análisis continuado de científicos y expertos, a través de la observación de los hechos y tendencias que brinda el paso del tiempo, y los condicionantes socioeconómicos que han ido aflorando en los últimos años. La denominada crisis del Sector Agrario, la atracción urbanística, etc… ha llevado a la consideración, entre otros, de los siguientes acechos:
• El desempleo y el éxodo rural.
• El aislamiento de las comunidades rurales, la falta de nexos de relación socioeconómica, sociopolítica y sociocultural.
• La falta de incentivos socioeconómicos y debilidad económica (falta de infraestructuras, disminución nivel de renta, situación de dificultad técnica, productiva y comercial, …).
• La falta de promoción y cultura empresarial, y la tendencia a empeorar.
• La inviabilidad de determinadas acciones empresariales existentes.
• El impacto ambiental, la deforestación, la erosión, el desequilibrio ecológico-flora-fauna, etc…
• Es consabido por todos los intentos, a veces en vano, de revitalizar zonas rurales a base de programas que hasta la actualidad, han ido aplicando las Administraciones nacionales, regionales o locales en los distintos ámbitos, y que pueden resumirse:
• políticas agrarias, políticas alimentarias y de sanidad pública
• asistencia técnica
• incitaciones en favor de las iniciativas del sector privado, previo catálogo de posibilidades,
• políticas medioambientales,
• mejoras en la coordinación gubernamental;
• transferencias y programas especiales en favor del empleo,
• esfuerzos para el desarrollo a nivel local,
• programas especiales de sanidad, educación, formación, mejora de infraestructuras, etc..
Hoy día, ante la necesidad de una revitalización generalizada, los espacios rurales no pueden ser considerados independientemente, sino que debe establecerse una relación importante de interdependencia con los demás espacios. Deben potenciarse las relaciones con los espacios periurbanos y urbanos a través de movimientos migratorios periódicos y alternantes, desplazamientos de aprovisionamientos alimentarios, de materiales y recursos varios, acceso a determinados servicios y también pensando en el desarrollo de usos recreativos y residenciales, que como se sabe, cada día va en aumento. Pero también esta relación puede ser inversa, proporcionando la oferta de productos con origen en los espacios rurales a foros de mercado establecidos en los espacios urbanos.
Atendiendo a estos aspectos y tratando de analizar y comprender la lógica de las dinámicas rurales, se plantea hoy día la reformulación del espacio rural, envuelto quizá en un determinado estado de abandono, pero con un gran potencial de diversidad socioeconómica y que solicita un tratamiento integral en la formulación de objetivos de uso y actividades, el análisis de recursos endógenos y la posible introducción de recursos externos, dentro de un amplio marco de ordenación del territorio. Los espacios rurales se ven evolucionar en estos últimos tiempos entre dinámicas territoriales y dinámicas sectoriales, entre ordenación del territorio y las lógicas sectoriales de las actividades económicas que las constituyen.
No se puede olvidar el rol importante de la Agricultura en el mundo rural, aunque cada día más se va a plantear el modelo integrador y el modelo competitivo empresarial para las actividades que dentro del sector primario se desarrollen. El empleo rural se halla actualmente en franca competencia con el empleo industrial y el empleo terciario. No obstante, por un lado se tienen los “espacios con renacimiento rural”, donde es notoria la renovación demográfica y/o económica, y en cambio se tienen también determinados “espacios con espiral de abandono y degradación” donde se observa el abandono de recursos territoriales y agrícolas, y la regresión en las economías del lugar.
Se crea la necesidad de integrar lo territorial respecto lo sectorial, en cuanto a actividades económicas que permitan equilibrar el territorio, redistribuir riqueza y equilibrar el conjunto, sobre todo cuando se trata de zonas desfavorecidas, donde el criterio de eficiencia debe complementarse con la captación de recursos exógenos y con un análisis muy completo de potencialidades de actividad.
El autor es Ingeniero Agrónomo.