Edgard Tijerino M. [email protected]
No solicité la autorización de Elliot Ness para usar el título de esta nota, pero pienso debía haberlo hecho, porque sus Intocables eran de otra raza, nada que ver con éstos.
Las cabezas de varios peloteros están rodando frente a nuestras butacas después de ser juzgados unilateralmente, sin derecho a la defensa, sin poder utilizar un debate público, sin dejar constancia de las responsabilidades no cumplidas y las distorsiones de otros.
Bueno, ¿qué es lo raro? Por aquí, la justicia deambula desnuda y enclenque, mientras un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste y un soplo milenario trae amagos de peste, como diría el poeta.
Estoy claro que era necesario sancionar a los peloteros con fallas de disciplina comprobadas. No en forma desmesurada como se hizo ver en un precipitado comunicado, condenándolos a tres años, pero sí de alguna manera o de diferentes maneras.
Pero, ¿y quiénes tenían la responsabilidad de ejercer el control, de evitar que los males se extendieran, de proceder con prontitud en el momento de urgencia?
Ellos son inmunes. Son los intocables de nuestro beisbol.
Aquí se vive diciendo que los peloteros son corruptos. Pero, ¿lo son por su mala levadura o porque han sido inducidos a la corrupción desde otras esferas?
Durante varias temporadas ha saltado al tapete el tema del pirateo y las ofertas, y a eso ha contribuido la incapacidad de Feniba para establecer con claridad y anticipación las reglas del juego antes de cada torneo.
Hay técnicos que han cultivado fama como “piratas”, y hay directivos ampliamente conocidos por “sus ofertas” para sacar a peloteros de responsabilidades asumidas, impulsándolos al deterioro.
Cierto, los peloteros son grandecitos, pero ¿qué hay de quienes sin importarle el beisbol y su futuro, los distorsionan con ofertas a veces tentadoras, aprovechando el marco de necesidades?
Ningún pelotero es inmune, pero sí todos los directivos. Y digo “todos”, metiendo en el mismo saco a los que funcionan bien con los que afectan el deporte, porque hasta hoy, nunca he visto a un directivo de equipo en el banquillo de los acusados, y mucho menos por supuesto, a un directivo de Feniba.
Naturalmente, hay discriminación, y lo estamos viendo.
No se permitió que los peloteros condenados hicieran señalamientos, y se sospecha de una negociación para reducir sentencias.
¿Qué les parece?, en principio hasta se pidió sanciones de por vida y finalmente fueron reducidas a un año las más drásticas.
Pero, ninguno de los llamados “peces grandes” asumió responsabilidades.
Algo así como si el Delegado no existiera, el Jefe Disciplinario no hubiera llegado y el Dirigente de Feniba nunca estuvo ahí.
Como si el equipo hubiera carecido de Cuerpo Técnico, porque por ningún lado vimos un informe sometido a la discusión de los involucrados.
¿Y la tolerancia que vimos en Cuba?
No me digan que estoy tan viejo que veo sombras nada más y escucho irrealidades.
¿Y todo lo que me dijeron sin tomar decisiones permitiendo que el mal se extendiera?
Los Intocables, no los de Elliot Ness, han sobrevivido una vez más. Son inmunes.
Señor, ¿por qué tardas?, ¿qué esperas para tender tu manto de luz sobre las tinieblas? Observa que nuestro pobre beisbol sigue preñado de un dolor profundo.
¿Y eso qué importa?
¡Play ball!, y a jugar pelota.