Carlos Alberto Montiel Medrano
Un informe de la embajada de Estados Unidos preparado para los periodistas estadounidenses que acompañaron al Secretario de Estado Colin Powell, decía que los nicaragüenses son pobres, mal alimentados, analfabetas y que poco les importa lo que ocurre en el mundo.
Si este informe se refiere a la población en general, está correcto. Si, por el contrario, se refiere a nuestra clase dirigente, es un error. Alguien tenía que decírselos: nuestra clase dirigente tiene a la población en ese estado.
Así nos ven los cooperantes. ¿O es que por fin dejaremos de andar por el mundo con el platito en la mano, pidiendo limosnas pero con gobernantes que viven como califas, con salarios exorbitantes? El que vive de la caridad pública no tiene derecho a disgustarse cuando lo llaman “limosnero”. Los inmigrantes nicaragüenses en Costa Rica aguantan las mayores afrentas y trabajan muchas veces sólo por la comida. Muchos niños en vez de ir a la escuela van a los basureros y a las rotondas a ganarse el pan de cada día.
Me pongo mi casco y que me agarren a tomatazos, pero no padezco de ese falso orgullo. Orgulloso me sentiré cuando la población tenga lo básico para vivir como seres humanos.