Francisco Antonio Delgadillo
Con mucho interés he sido testigo al igual que miles de nicaragüenses del debate que se ha estado generando con relación a la destrucción o no de los misiles tierra-aire, conocidos como: Sam-7.
Auque algunos como el Canciller de la República consideran que la competencia para decidir cuándo destruimos estos aparatos o no es exclusiva, según él, del señor Presidente de la República, para otros quien debe decidir es el Ejército de Nicaragua.
Algunos dicen que no son necesarios, otros opinan inclusive que son obsoletos, ante la tecnología de aviones que rompen la barrera del sonido. Lo cierto es que mientras no exista un balance de las fuerzas militares en Centroamérica estaremos en este dilema.
Y lo más importante es que tratándose de bienes del Estado de la República de Nicaragua y siendo que piensan deshacerse de ellos y tomando en cuenta que tienen un valor muy alto, cada uno de ellos, se hace necesario de conformidad con las leyes que antes de eliminarlos se cuente con la aprobación de esa honorable Asamblea Nacional y también de la Contraloría General de la República.
Recuerdo que cuando fui trabajador del Instituto de Fomento Municipal, para quemar los Sticker de rodamiento sobrantes de un año hacia otro era todo un escándalo, tenían que llegar auditores de la Contraloría y sólo se podía hacer si se levantaba un acta con numeración de cada uno de estos Sticker.
Presidente ARIC