Jacqueline Altamirano con sus dos hijos.

Le costó embarazarse y un ebrio se los mató

Jimmy y Jacqueline son una pareja joven que luchó por concebir y traer al mundo a sus dos hijos, que les fueron arrebatados hace un mes por un conductor ebrio. Aún así consideran que fue “por la voluntad de Dios” y, aunque no la entienden, la aceptan con resignación Jehú Hernández Sandoval [email protected] Jimmy Alexander […]

  • Jimmy y Jacqueline son una pareja joven que luchó por concebir y traer al mundo a sus dos hijos, que les fueron arrebatados hace un mes por un conductor ebrio. Aún así consideran que fue “por la voluntad de Dios” y, aunque no la entienden, la aceptan con resignación

Jehú Hernández Sandoval [email protected]

Jimmy Alexander y Jefrey Steven eran dos niños que llevaron alegría a sus padres, Jimmy González y Jacqueline Altamirano, quienes oraron sin descanso pidiendo a Dios la oportunidad de ser padres. Sin embargo, en un accidente pedieron a Jimmy, de cuatro años, y a Jefrey, de sólo 18 meses de edad.

Era el 10 de octubre pasado, cuando Miguel Ángel Vílchez Orozco, conduciendo en estado de ebriedad un camión pesado, embistió el vehículo estacionado de la familia González Altamirano, que se disponía a regresar de Managua a Masaya, después de alquilar la película de Blanca Nieves para que la vieran sus dos pequeños.

Jimmy y Jacqueline habían luchado por traer al mundo a sus hijos. Se conocieron en 1996, se casaron en 1997 y después de un año sin lograr un embarazo, visitaron a varios especialistas que detectaron problemas en ella para concebir.

Jacqueline se sometió a los tratamientos médicos con tanto amor y disciplina que lo consiguió. Dio a luz a su primer hijo, Jimmy Alexander, el 15 de julio de 1999, después de sortear amenazas de aborto.

Como tuvo dificultades para concebir a Jimmy, se olvidó de usar métodos anticonceptivos porque después de un año tampoco volvió a quedar embaraza. Sin embargo, llegó Jefrey Steven, como un segundo regalo de Dios, el 4 de abril de 2002.

“No íbamos a ninguna parte sin ellos. Todo nuestro tiempo lo dedicábamos sólo a ellos”, narra mientras hace un esfuerzo para no llorar. “El único momento que teníamos para compartirlo nosotros era cuando estaban dormidos. Y aún así, estábamos pendientes a través del intercomunicador para saber lo que pasaba en su cuarto”.

Ese día los niños actuaron diferente, en vez de cenar comida corriente, como acostumbraban, pidieron una porción de Corn Flake de los Picapiedras, sus dibujos favoritos. Después de comerla, pidieron a los papás que les cumplieran la promesa de rentar el video de Blanca Nieves.

“Jefrey se durmió en el asientito de atrás después de tomarse una pacha de leche— continúa Jacqueline—, fue por eso, porque él estaba dormido que yo me quedé en el carro, no como otras veces que nos bajábamos todos y nos tardábamos más de la cuenta”.

Ese viernes por la noche en el centro de alquiler de películas, frente a la entrada de Las Colinas, sólo se bajaron del carro los dos Jimmy, padre e hijo. Buscaron la película, pagaron y se subieron de nuevo al vehículo, todo en tiempo récord. “Yo me estaba poniendo el cinturón de seguridad cuando de pronto sentí el impacto; después de eso no supe más porque perdí el conocimiento”, recordó Jimmy.

Fue Jacqueline la menos golpeada, quien presenció la tragedia de principio a fin. El niño Jimmy perdió la vida poco después de llegar al Hospital Infantil “La Mascota”. Jefrey luchó inconsciente durante cuatro días, hasta que falleció de un ataque cardíaco.

Aunque Jimmy padre resultó con golpes de consideración, salió el domingo por la mañana del Hospital Roberto Calderón, para asistir al funeral de su hijo mayor. La escena dolorosa se repetiría el martes 14, cuando les avisaron que Jefrey también había muerto.

“No entendemos por qué, si nos dedicábamos tanto a ellos, por qué suceden las cosas. Ellos nos querían muchísimo, se identificaban mucho con nosotros”, expresa Jimmy.

Quizás la formación cristiana de la pareja les hace responder esa pregunta con una sola respuesta: “Fue la voluntad de Dios, llevárselos con Él para el cielo”.

“Rezábamos todas las noches. Jimmy sabía el Padre Nuestro y el Ángel de la Guarda, le pedía a Dios por todo mundo en sus oraciones. Jefrey también rezaba en su propio lenguaje”, cuenta Jimmy. El ritual finalizaba con besitos de buenas noches y después todos a la cama.

PREDESTINADOS

Ambos consideran que en el año 2003 les han sucedido cosas poco comunes, preparadas por Dios cuando decidió llevarse a sus dos angelitos.

Por ejemplo, vinieron al mismo tiempo, desde Estados Unidos, todas las tías de Jacqueline. Los visitaron también varios familiares de Jimmy que no conocían a los niños, provenientes de Estados Unidos y Honduras.

Otro hecho relevante, según Jacqueline, fue la visita que hizo dos días antes del accidente a la pediatra de los niños en el Hospital Militar. “Llevé a Jefrey porque andaba mal del estómago, pero aproveché para pasar también a Jimmy. ¿Será que el Señor tenía todo preparado?”, se pregunta.

“Nosotros no queremos preguntarle al Señor por qué, que nos dé explicaciones. Queremos remarcar que fue su voluntad, la de nadie más, sino la de Él. Que Él permitió que los niños conocieran a toda su familia antes de irse para donde Él”, dice Jimmy.

SEGUNDA BATALLA

En marzo de este año, Jacqueline fue operada de una hernia, lo que aprovechó para que le hicieran una operación para no tener más hijos. Ahora, junto a su esposo, ha visitado a dos especialistas que le han pronosticado entre 70 y 80 por ciento de posibilidades de que vuelva a concebir, después de una cirugía reconstructiva de las Trompas de Falopio.

En busca de otro hijo, viajarán esta semana a Guatemala para tener una tercera opinión. “Según lo que nos digan, vamos a tomar la decisión de hacer la operación aquí o allá. Si es la voluntad de Dios que nosotros tengamos otro hijo, lo vamos a tener”, expresó Jacqueline.

“Tenemos la esperanza de tener aunque sea un hijo, porque estamos solos y es muy difícil. No hemos querido ni regresar a la casa en Masaya, porque es muy difícil, estamos en Managua donde la mamá de él”, comentó.

LEYES MUY DÉBILES

Jimmy González considera que las leyes de este país no establecen una relación lógica entre los delitos que se cometen y las penas que se aplican por cometerlos.

“Cómo es posible que una persona en total estado de ebriedad, con 2.6 grados de alcohol, que sus actividades físico-motoras son completamente nulas, asesine a dos niños, porque prácticamente es un asesinato”, reprocha Jimmy.

“Haber tomado (licor) y haberse montado a un camión que es un arma letal, asesinar a dos niños y que bien pudo habernos asesinado a todos, y cómo es posible que le den tres años (de prisión)… Si no era ni un perrito ni un gatito lo que él mató, y los mató por su ebriedad, por su irresponsabilidad”, lamentó.

UN ALUMNO BRILLANTE

Jimmy estudiaba el Primer Nivel de Preescolar en el Colegio Mundo de Colores, en Masaya. Hablar con las maestras de ese centro es como remover una montaña de sufrimientos. Los ojos hacen lo suyo, con dificultad retienen una lágrima que asoma con timidez.

En el aula donde estudiaba Jimmy se encuentran expuestos los trabajos que hizo este año y en la entrada hicieron un altar para La Purísima donde colocaron algunas fotografías suyas.

Todas las maestras, sin excepción, visiblemente conmovidas por la tragedia, expresan sus sentimientos.

Directora Martha de Escobar

“Darnos cuenta del suceso nos impactó bastante, porque era extraordinario, participaba en todo, era el número uno, era muy inquieto. Todo el mes de octubre el colegio pasó en duelo y le hicimos el altar. La promoción del Tercer Nivel de este año está dedicada a Jimmy, con mucho amor”.

Patricia Díaz Lee, su maestra de Primer Nivel

“Jimmy era uno de esos niños especiales que sobresalen, porque era bien hiperactivo pero la enfocaba no en ser necio, sino que se destacaba en inteligencia. Siempre tuvo los primeros lugares, cada tres meses hacemos evaluaciones y él siempre salía entre los tres más destacados”.

Marling Escobar, profesora de materno-infantil

“El día que me dieron la noticia no lo podía creer. Era muy amigable, saludaba a todas las maestras y a todas nos impresionó cuando sucedió el accidente”.

Ileana Duarte Molina, maestra de Primer Nivel

“La ausencia de él es muy grande. Ahora estamos volviendo como en los primeros días, porque se siente no sólo en el personal, sino en todos los alumnos también. Usted nos está entrevistando y se siente como un hielo en el aire”.

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