- Bayardo Barrios admite que no fue amordazado ni le pusieron una pistola, para que firmara a favor de la compañía
Eduardo Marenco Tercero [email protected]
El tecnólogo médico, Bayardo José Barrios Velásquez, quien ha develado una supuesta trama que además de vincularlo con una oferta jugosa que la transnacional Dole no concretó, ha hecho emerger a la superficie una jugada que habría significado un jaque mate a la demanda multimillonaria en Estados Unidos, por las consecuencias a la salud humana del uso del tóxico Nemagón en las bananeras de Nicaragua.
La prueba principal sería el testimonio de Barrios, a quien lograron hacer firmar en julio pasado —mediante “falsos halagos” y supuestos “subterfugios”— un documento en el que asegura que las pruebas que certificaban la esterilidad de miles de personas afectadas por el Nemagón eran amañadas y por tanto no tenían sustento real.
El tecnólogo médico hizo un periplo por Tegucigalpa, Honduras, San José, Costa Rica y Dallas, Texas (EE.UU.), financiado por la transnacional Dole, la que lo preparaba para testificar ante un juez. Pero después de tres semanas decidió “huir” al no concretarse la jugosa oferta y porque, según él, se habría dado cuenta de que estaba siendo utilizado en contra de las víctimas del mortal pesticida.
Todo ocurrió en julio de este año y durante cuatro meses guardó silencio, rompiéndolo hasta ahora, cuando ha denunciado una trama de fábula que incluiría a un agente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), a otro del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y el secuestro de su persona.
Fernando Medina Montiel, abogado de la bananera, negó el secuestro, pero admitió que se les costearon los gastos de hotel y los pasajes de avión, para que testificara durante diez horas a favor de la compañía Dole.
VIAJES Y “FALSOS HALAGOS”
El señor Barrios, que el 21 de noviembre cumplirá los sesenta años, es un tecnólogo médico graduado en la Universidad Nacional Autónoma de León (UNAN-León), ha sido boy scout y capitán de bomberos y ahora ha quedado entre dos fuegos.
En los años noventa, su laboratorio clínico había realizado al menos 4,399 exámenes de espermograma, una prueba para verificar la esterilidad o fertilidad de las personas, a solicitud de tres bufetes de abogados, que llevan las demandas por las víctimas del Nemagón.
El diez de julio de este año, Barrios aceptó una invitación y viajó vía terrestre a Tegucigalpa, Honduras, para entrevistarse con los abogados de la Dole, quienes le harían una jugosa oferta de trabajo. Se hospedó en el Hotel Honduras Maya, ubicado frente a las oficinas de la Standard Fruit Company.
Según el relato de Barrios, esa mañana se reunió con Fernando Medina Montiel, abogado de Dole Company; con Stephen Bowman, gerente de la compañía en Costa Rica; y otros abogados, firmando un documento que echaba por la borda las pruebas de esterilidad de los supuestos afectados por el uso del Nemagón, pues las mismas habían sido “amañadas”.
¿HUBO COACCIÓN?
El anzuelo de la Dole se lo habría lanzado Joseph Carrera, un personaje que cargaba un maletín lleno de dólares, una tarjeta de crédito envidiable, y que se identificaba como de la CIA, según el tecnólogo médico.
Ahora Barrios dice que el documento lo suscribió bajo coacción y amenaza. Pero admite que viajó bajo su libre y espontánea voluntad, que no fue amordazado y que tampoco le pusieron una pistola en la sien para que firmara el documento. Asevera que estaba nervioso.
Dos días después regresó a Nicaragua, el doce de julio, y el 27 del mismo mes viajó hacia San José, Costa Rica, donde se hospedó en el Marriot, siempre con gastos pagados por la Dole, y en las oficinas de la compañía fue testigo de cómo Eduardo Altamirano Zapata y Sandra Jeannette Ordóñez Pérez, denunciaban una “irregularidad” contra los demandantes del Nemagón.
El 23 de agosto, siempre bajo amenazas, según insiste, viajó hacia Dallas, Texas, hospedándose en el Bradford, a 250 metros de la sede de la Dole, donde “me entrevistaron y me aleccionaban para prepararme y que diera mi declaración en contra de los bananeros nicaragüenses ante una Corte de California”.
Al pasar los días y al no concretarse la jugosa oferta, encerrado en un cuarto con su esposa Celia María Ordóñez Pérez, asegura, esperó la primera oportunidad para escapar y huyó hacia Miami viajando en autobús durante 34 horas. Asevera que volvió a Nicaragua el 17 de octubre y el jueves seis de noviembre presentó una denuncia ante la Fiscalía para que investigue los hechos.