- Nuestro beisbol, carcomido y en bancarrota
Edgard Tijerino M.Desde Panamá para LA PRENSA [email protected]
Como devastado por un terremoto o estremecido por un huracán, así se encuentra el beisbol pinolero después de todo lo que ha ocurrido entre un mal manejo, una terrible indisciplina y consecuencia de eso, una pobre actuación de la mutilada Selección en el Preolímpico.
Es natural pararse en una esquina a gritar sobre la incomodidad de los escombros: ¡Auxilio!… ¡Socorro!
¿Hay alguien que se atreva a decir que aquí no ha pasado nada, que debe aplicarse aquello de borrón y cuenta nueva?
Sería una mayúscula irresponsabilidad.
Siempre, frente a las ruinas, se piensa en la reconstrucción. Sin pérdida de tiempo.
Escucho que el 14 se pone en marcha el torneo nacional, sin detenernos a establecer las bases para una urgente y necesaria revisión de nuestro beisbol.
¿Acaso la reciente tragedia nos vale?
Me pregunto: ¿Tiene dueño el beisbol y la Selección?
Somos dueños de las preocupaciones, sangramos por las heridas, golpeamos con nuestras cabezas el muro de los lamentos, pero hasta ahí nomás, no podemos hacer nada.
¿O sí podemos?
El beisbol es de todos. Se trata de un patrimonio nacional. Desde niños, hemos soñado con estar haciendo swing o realizando grandes atrapadas. Todo lo relacionamos con el beisbol, alegrías, proyecciones, frustraciones y desgracias.
De no haber atravesado por aquella rara transición entre el final de la pelota profesional en 1967 y nuestra tímida presencia en el Mundial de Dominicana en 1969, estaría pensando que no podemos vivir sin el beisbol como una genuina expresión de pasión apolítica.
“Esto no puede seguir así”. Desde que salimos de Cuba, ese eco permanece retándonos, exigiéndonos proceder.
Cierto, existen reglamentos que impiden la intromisión de “otras fuerzas”, pero resulta que esas “otras fuerzas” como lo son los patrocinadores que suministran el soporte económico, el Estado con sus instalaciones, el público como protagonista y el periodismo con sus señalamientos, pueden ser lo necesariamente incidentes para impulsar transformaciones.
¿QUÉ HACER?
Hay que hacer un alto en el camino tan lleno de espinas y reflexionar. No se trata de cantar Play ball el 14 y que todo siga igual.
Se necesita saber ¿cuáles son las propuestas para enderezarnos?, ¿qué se puede hacer de inmediato?, y por supuesto, someter a revisión en funcionamiento de Feniba, el de los equipos, en fin toda la estructura.
Si no se hace ahora, sin pretender lesionar la autonomía de la Federación, pero buscando como ensayar una reconstrucción saludable, no lo haremos nunca.
Es el momento de batear en el clutch en respuesta a los gritos desgarradores de ¡Auxilio!… ¡Socorro!, nuestro beisbol se hunde.