La extrema pobreza y los problemas de salud que enfrenta Meyling, no son obstáculo para que la pequeña juegue y corretee, aunque tras de sí tenga una inmensa montaña de basura. (LA PRENSA/ O. MIRANDA)

Meyling sueña con salir del basurero

Es la tercera vez que repite el primer grado, a sus ocho añitos ya padece las secuelas de convivir con la fetidez y la inmundicia de La Chureca, el basurero del que sueña salir para vivir en familia y ser comerciante “a lo grande” Rosario Montenegro Z. [email protected] Nuestro olfato nos indica que nos estamos […]

  • Es la tercera vez que repite el primer grado, a sus ocho añitos ya padece las secuelas de convivir con la fetidez y la inmundicia de La Chureca, el basurero del que sueña salir para vivir en familia y ser comerciante “a lo grande”

Rosario Montenegro Z. [email protected]

Nuestro olfato nos indica que nos estamos aproximando a un lugar inhabitable para cualquier ser humano. Pero a medida que avanzamos, nuestros ojos se encargan de contradecirnos y nos muestran a un grupo de personas que trabajan prácticamente sumergidos en basura hasta media pierna, y sin la mínima protección. Ellas son parte de las 110 familias que sobreviven en el basurero más grande de Nicaragua, conocido como La Chureca.

Y es que hablar de La Chureca en Nicaragua, es sinónimo de miseria, trabajo infantil, desnutrición y enfermedades, entre otros males. Es un mundo surrealista en el que los niños se disputan con los zopilotes los mendrugos de pan y más de uno ha muerto aplastado por las pesadas llantas de los camiones recolectores de basura que llegan a depositarla a orillas del Lago Xolotlán.

En este lugar “vive” Meyling Isabel Reyes Pereira, una niña de ocho años, pero que por su menuda figura y nivel de escolaridad pareciera que no sobrepasa los seis. Por tercera vez repite el primer grado en una pequeña escuelita llamada La Esperanza, ubicada en los alrededores del enorme basurero.

Es lunes y el reloj no marca aún las diez de la mañana, pero Meyling ya va para su casa. “Es que está enferma”, explica su profesora.

Más del 30 por ciento de los niños que habitan en el basurero municipal de Managua, presentan altos índices de sustancias contaminantes en su sangre, reveló una investigación realizada por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en Managua, practicado a 240 niños y niñas del basurero, la que demostró que los menores están contaminados principalmente con plomo, mercurio y DDT.

Investigaciones internacionales demuestran que los niños pueden presentar problemas de crecimiento y desarrollo durante sus primeros años de vida.

ALIMENTOS EN LA ESCUELA

En el camino a casa de Meyling, en el patio de una vivienda se observan unas tiras de carne tendidas en alambres y cubiertas por un manto de moscas. Ante nuestra expresión, el conductor del Diario nos explica: “Esa la ocupan para hacer vaho que luego venden”. A pocos metros más adelante yace un caballo muerto.

La pequeña habla con soltura y cuenta que su familia vivía en otro lugar, pero desde que su mamá se peleó con su abuelo tuvieron que levantar su nuevo hogar en La Chureca.

Pese al poco avance académico, Meyling procura asistir todos los días a clases, pues además del aprendizaje, ello le garantiza contar con un vaso de leche diariamente, el que es suministrado por la Fundación Nicaragüense Americana, presidida por uno de los grupos económicos más fuertes del país.

Otro incentivo es que la Fundación Pastoral Penitenciaria, con apoyo de organismos internacionales, le suministra el almuerzo a ella y 130 niños más de este asentamiento, entre ellos sus dos hermanitos.

QUIERE TENER UNA FAMILIA GRANDE

Meyling espera, cuando sea adulta, tener una pulpería “bien grande”, mejor que la de su madre, quien compra granos básicos y luego los revende. También quiere formar su propia familia con muchos hijos, pero lo que no quiere es vivir en La Chureca.

“Es que aquí muchos nos enfermamos, yo misma tengo varios días de andar con calentura, me duele un oído, dicen que es porque estamos muy cerca de la basura”, dice la pequeña.

La casa en donde vive Meyling con su padrastro, su mamá y sus dos hermanitos, está hecha de ripios, muchos adquiridos posiblemente en el mismo basurero.

La “vivienda” es muy pequeña, el piso es de tierra, no hay muebles, sólo una hamaca y está ubicada a escasos dos metros del gigantesco basurero, lo que hace imposible ponerse a salvo de tanta fetidez.

SALIR DE LA CHURECA

El mayor sueño de Meyling es poder salir algún día de este basurero, aspiración que es compartida por su madre, doña Rafaela Lucía Reyes, a quien parece que lo menos que le preocupa es el hedor que inunda el ambiente, “ a eso uno se acostumbra, aquí hay otros problemas peores, hay muchos chavalos huelepega y no quiero que les pase nada a mis hijos”.

“Mire, yo pido todos los días que mejore nuestra situación para poder salir un día de aquí”, dice doña Rafaela, mientras abraza a Meyling, y su hijo de sólo tres años corretea por la montaña de basura como Dios lo trajo al mundo.

Atrás, desde una hamaca y con una cerveza en la mano, observa sin mucho interés su compañero de vida, justo cuando apenas empieza el día y la semana.

ENTRE CÁRCELES Y BASURA

La Fundación Pastoral Penitenciaria fue fundada hace 12 años por su actual presidente monseñor Luis Amado Peña y su objetivo inicial era brindar atención y asistencia a los reos que se encuentran en las diferentes cárceles del país.

En la actualidad, además de la asistencia a los privados de libertad, también cuenta con un programa de Erradicación del Trabajo Infantil en el basurero de La Chureca, el que cuenta con financiamiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el apoyo de Fundación Nicaragüense Americana.

Gioconda Alvarado, coordinadora de la Fundación Pastoral, explica que el programa que desarrollan en La Chureca tiene el propósito de ir erradicando poco a poco el trabajo infantil en ese basurero municipal y para ello atienden a 950 niños y adolescentes que trabajan o viven en este lugar.

Para lograr este objetivo la fundación brinda atención integral a los pequeños, como: alimentación, charlas sobre educación sexual, higiene, autoestima y sobre todo los estimulan a estudiar para romper con el círculo de la pobreza, destaca Alvarado.

La coordinadora de la fundación agrega que también cuentan con un componente de salud, en donde no sólo atienden a los niños y jóvenes, sino a todas las familias a quienes les garantizan los medicamentos.

Alvarado señala que para una mejor atención han creado diferentes grupos de acuerdo a las edades, de tal forma que existen círculos infantiles, club de adolescentes y otro de jóvenes, a quienes orientan y atienden de acuerdo a sus necesidades y características.

Para la atención de estos pequeños y adolescentes, la fundación cuenta con una médica, una sicóloga, tres brigadistas, además del presidente y la coordinadora.

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