Edinson De Ávila, arriba y Ofilio Castro, abajo. Así terminaron ayer Colombina y Nicaragua. (LA PRENSA/AP)

Nos tragó la tierra

Colombia asestó la última estocada Edgard Tijerino M.Desde Panamá, para LA PRENSA Lo siento. No hay sobrevivientes. Ganó Colombia 6 por 3 y debemos regresar a casa con las manos vacías. Ay bendito, cuánta razón tiene Confucio: no merecimos ganar ningún juego. He revisado todos los rincones y no queda nada, excepto algunas huellas de […]

  • Colombia asestó la última estocada

Edgard Tijerino M.Desde Panamá, para LA PRENSA

Lo siento. No hay sobrevivientes. Ganó Colombia 6 por 3 y debemos regresar a casa con las manos vacías. Ay bendito, cuánta razón tiene Confucio: no merecimos ganar ningún juego.

He revisado todos los rincones y no queda nada, excepto algunas huellas de la angustia.

Me siento sepultado, como si el Vesubio hubiera hecho explosión a la orilla de nuestro dogout.

Nuestras débiles esperanzas saltaron hechas añicos en las dos primeras entradas, cuando un averiado e irreconocible Aristides Sevilla, fue asaltado con cinco carreras.

Como en el corrido mexicano, no tuvo tiempo de montar en su caballo. Pistola en mano se lo echaron de a montón.

Tres bases por bolas, cinco hits incluyendo un jonrón y un doble, más un balk y un error fue demasiado. Junten todo eso en apenas un inning y un tercio y exclamen como lo haría Sucre: ¡Qué desastre!

Usted y yo sabemos que nuestro beisbol tiene un mayor significado, que no es tan pobre como lo vieron aquí, pero lamentablemente la testarudez de los hechos nos condena.

Juego tras juego, los peloteros nicas parecían fantasmas aturdidos.

Revisando las imágenes pienso: ¿consideró Sevilla la posibilidad de crecer y ofrecer su mejor material, saltando sobre los factores adversos?

Los que buscan el triunfo nunca se rinden. Tienen que ser fuertes en todo momento. Y Sevilla no dio la impresión de pertenecer a esa raza. No ayer en el Juan Demóstenes Arosemena.

El prospecto depositario de tantas esperanzas, lució como un pitcher de calentamiento, un lanzador de filetes.

Claro, detrás de su estrepitoso derrumbe, todo fue tenebroso y nos tragó la tierra.

Adolfo Gómez abrió con hit pero Adolfo Matamoros lo sorprendió fuera de base. Otra vez la buena señal se desvaneció rápidamente. Hit de Harold Herrera burlándose del esfuerzo de Sandor Guido y jonrón de Edinson De Ávila entre right y center, proporcionaron a los colombianos una ventaja de 2-0.

En el siguiente inning, doble de Manuel Godoy, tres bases, otro hit, un balk y un error, aumentaron la diferencia 5-0.

Como diría Argelio Córdova, con nuestro ánimo acuchillado, un buen momento para recoger los bates y salir sigilosamente del parque.

Dorian Castro no es un lejano pariente de Luis Tiant, pero supo manejarnos con tranquilidad mientras Colombia agregaba su sexta carrera.

Un hit impulsador de Ofilio Castro, quien conectó tres en la amarga despedida, facilitó la anotación de Justo Rivas, y en el noveno, con Castro reemplazado, Roa conectó su mejor batazo del certamen para un doble, alentando una pequeña recuperación de dos carreras posibilitada por doblete de Justo Rivas y cohete de Romero para el 6-3.

NO HAY MÁS

Cuando todo acabó, nadie se atrevió a levantar la vista. ¿Para qué, si no veríamos nada?

En ese momento de conmovedora impotencia, pensé en Rubén: Regresamos a casa llevando en una caja, dolorosa difunta, como un lirio muerto, la pobre esperanza.

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