La mirada de Noel Areas, hacia ningún lado, retrata con exactitud el rumbo de la Selección. (LA PRENSA/G. Miranda)

Sin sangre, ni alma

La Selección con las ilusiones rotas Edgard Tijerino M.Desde Panamá para LA PRENSA [email protected] Usted no sabe lo que pesa un muerto, dice Gabriel García Márquez en uno de los pasajes de sus memorias. Yo lo supe ayer, desde antes que se cantara el play ball. Sin sangre, ni alma, perdimos 3-0 frente a Brasil […]

  • La Selección con las ilusiones rotas

Edgard Tijerino M.Desde Panamá para LA PRENSA [email protected]

Usted no sabe lo que pesa un muerto, dice Gabriel García Márquez en uno de los pasajes de sus memorias.

Yo lo supe ayer, desde antes que se cantara el play ball.

Sin sangre, ni alma, perdimos 3-0 frente a Brasil y nuestras esperanzas, dramáticamente debilitadas, quedaron colgadas en un alambre de púas.

¿Y ahora? Hay que vencer a Colombia y tener menos carreras permitidas en el alboroto de un triple empate, para avanzar a la muerte súbita.

Pero, ¿qué tan interesados estamos en seguir aquí?

Un equipo pálido, muy pálido, como si hubiese perdido toda su sangre, con su corazón gimiendo no latiendo, y su alma enjaulada, eso fue la Selección pinolera en un juego tan siniestro, que Drácula parecía estar haciéndonos muecas grotescas después de cada bateada.

Cuando el chavalo Ronald Garth abrió con hit contra el derecho Claudio Yamada, pensamos que era una buena señal, no la única de vida mientras atravesábamos nueve tormentosas entradas.

El segundo hit, nunca fue disparado.

Las dos grandes jugadas del short Marcelo Okuyama, la atrapada espectacular del jardinero central Thiago Magalhaes descabezando una línea profunda de Ofilio Castro, y la falta de piernas ágiles por parte de Henry Roa y Norman Cardoze, permitiendo convertir en outs dos infield hits, recortaron drásticamente nuestra agresividad obligándonos al cero.

El jonrón madrugador de Reinaldo Soto con uno a bordo, pegándole en la nariz a una bola rápida de Julio Raudez que buscaba la esquina de adentro, facilitó una ventaja de 2-0 en el inicio del juego.

No creí que eso bastaría para colocarnos camino de la fosa, pero poco a poco, mientras el partido avanzaba y sudaba helado, como si estuviera atravesando por el callejón de la miseria, recordé las imágenes de un equipo “huérfano” y con la motivación derretida, que vi en el dogout antes del juego, y me preocupé.

TIRO DE GRACIA

En el sexto inning, éramos lo más próximo a un “cadáver”, pero ahí sufrimos el tiro de gracia. Norman Cardoze no pudo apurarse para sacar el importante tercer out sobre un machucón de Okuyama y las bases se llenaron.

El relevista Diego Sandino, que supo resolver un agudo problema en el quinto, cedió la base a Thiago Ojima con la casa llena después de llevarlo al conteo completo, y Brasil anotó por tercera vez.

Cuando el sol se detuvo y cayó el telón, me acerqué a Noel Areas con la grabadora lista. Casi no lo entrevisto porque me pareció escucharle decir ¿quieres darme una gota de sangre?

¡Diablos! Yo estaba seco necesitando una transfusión.

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