Karla Vargas ganó el concurso de belleza más importante para las latinas residentes en Estados Unidos, Miss Estados Unidos Latina 2001 y representó a ese país en Miss América Latina y Miss Turismo del Mundo ese año, pero su trayectoria va más allá de las pasarelas.
Cuando Karla Vargas salió de su natal Corinto hacia Estados Unidos, con 15 años de edad y una alforja llena de sueños, no imaginó que demostraría a otras culturas que en Nicaragua hay mujeres bellas e inteligentes.
Además de haber ganado importantes coronas de belleza, fue jurado en Miss Mundo Latino Internacional 2002, donde Nicaragua fue representada por Marianela Lacayo.
Karla estará en el país hasta diciembre, tiempo durante el cual trabajará con la agencia Silhuetas.
¿Qué es mejor, participar o calificar a las participantes?
Como concursante tenés la responsabilidad de representar una cultura, un pueblo y expresarte. Como jurado solamente observar, tratar de entender y calificar, pero no tiene nada de creatividad, aunque es una responsabilidad muy grande.
¿Cuál es el principal criterio para calificar?
Los requisitos para escoger a una reina de belleza han cambiado mucho. Antes una cara bonita y un buen cuerpo bastaban, pero cuando estuve de jurado mirábamos sobre todo el intelecto, era un conjunto, pero el intelecto pesaba mucho porque había mujeres súper bonitas, pero si no tenían intelecto, no ganaban.
¿Qué es lo mejor y lo peor de los concursos?
Lo mejor es conocer personas de diferentes países y culturas, convivir y compartir con ellos. Lo peor son los tacones y el maquillaje. Entendiendo que hay que cumplir las reglas, pero para los ensayos no deberían ser tan estrictos.
¿Qué la motivó a participar en esos concursos?
Empecé a modelar un año después de llegar a Estados Unidos, sólo para comerciales porque soy muy bajita para la pasarela. Participé porque se tiene la idea de que la bonita no puede ser inteligente, fue por probar que se puede ser bonita e inteligente.
¿Qué fue lo que más extrañó del país cuando se fue?
Vengo de una familia humilde de Nicaragua, no tenía muchas oportunidades y en el momento que emigré tenía muchos deseos de superación. Tal vez por esas ganas de cumplir mis sueños, los primeros tres años no tuve tanta nostalgia. Extrañé a mis amigos, la comida, pero a los cuatro años de estar allá empecé a extrañar la manera en que se vive aquí, que es más tranquilo.
Además del modelaje, ¿qué hace?
El modelaje es sólo un bonito pasatiempo. Mi sueño era llegar a la universidad de California, me gradué de sicóloga.
¿Cuáles fueron las principales dificultades que enfrentó?
El balance emocional. Porque a veces en la vida, con el corre corre, el estrés, la rutina, es bastante difícil estar estable emocionalmente, siempre te dan depresiones, mucho estrés, por eso es bueno estar muy cerca de Dios.
¿Por qué decidió volver?
Fue más que todo buscando el balance mental y emocional. Cuando uno está pasando por situaciones difíciles en la vida es bueno ir de donde viene, encontrar sus raíces, como para recargar energías, para meditar. Necesitaba un descanso en mi vida para decidir realmente lo que quiero hacer en el plano profesional y personal.
¿Qué tipo de hombre prefiere, el latino o el norteamericano?
Las relaciones en los Estados Unidos son demasiados liberales, no soy conservadora, pero creo que hay ciertos estándares que se deben seguir para la moral y los valores. Los latinos tienen sus cosas bonitas, tienen sabor, pero tampoco me gusta su manera machista de pensar. Una combinación de los dos sería el hombre perfecto.