Moisés Martínez moisé[email protected]
Hoy, el tranquilo ambiente de los camposantos se ve perturbado por miles de corazones impregnados de nostalgias y recuerdos, más el infaltable toque de tristeza.
Miles de nicaragüenses irrumpen en los cementerios en busca de la última morada de esos seres queridos, ausentes en vida, pero presentes en nuestras almas.
Como coloridas y mudas testigos de estos reencuentros, están los miles de flores que ofrecidas con toda la expresividad característica de un mercado popular, aguardan por las manos que a cambio de unos cuantos pesos las llevarán a adornar cruces y tumbas de quienes ya no moran entre nosotros.
Al final, el deudo quedará nuevamente solo, hasta el próximo Día de los Difuntos. Pero, por un tiempo, el olor y belleza de un pequeño chote o la más grande flor, estarán en esa cruz, vigilando y adornando, hasta que también les llegue su turno para unirse a su acompañante en el inevitable final para todos los seres vivos.