Horacio J. Somarriba O.*
La ocurrencia de desastres de origen natural o humano se evidencia con más frecuencia en los últimos tiempos. Esto conduce a la población que los padece, a creer que poseen una procedencia más allá del entendimiento humano, encontrando a veces su explicación en lo divino. Lo anterior predispone a la población a la inactividad y enfrascamiento en la pena y desesperanza por las pérdidas y daños profundos.
El problema se agudiza con la percepción de los desastres de parte de muchos profesionales que buscan su origen en la Naturaleza (por eso el término de desastres naturales), cuando la comprensión de los mismos es una combinación fatal de las vulnerabilidades producto de un desarrollo no sostenible de la población y la ocurrencia de fenómenos naturales (huracanes, terremotos, erupciones volcánicas, otros). Entre ambos existe una relación directamente proporcional, es decir, aumentan las vulnerabilidades, son más frecuentes e intensos los fenómenos peligrosos letales a la sociedad humana y su infraestructura de hoy.
Por alguna razón romper con estos esquemas es sumamente difícil, incluso en los centros de enseñanza superior se refuerza esta concepción sencilla (la de desastres naturales). La explicación puede radicar en que el tema de los desastres siempre ha sido abordado con mayor énfasis por las ciencias exactas, lo cual es sumamente importante, pero evidentemente no es suficiente. Las ciencias humanísticas tienen un aporte importante para la reducción de los desastres, a través de la mejora de la comprensión de los modelos de desarrollo que han sido promovidos e impulsados desde hace siglos en Nicaragua.
De lo anterior se deduce que llegar a un entendimiento común donde los profesionales de ciencias exactas y humanísticas encuentren una explicación no recíprocamente excluyente sobre el génesis y tratamiento de y para la reducción de los desastres, sería un gran paso hacia el desarrollo para nuestras sociedades latinoamericanas. Por supuesto que esto pasa por muchos cambios, de paradigmas, de la cultura actual, que es probablemente el espíritu de la razón de la situación de adversidad ambiental del planeta (insostenibilidad manifestada en cambios climáticos) cuya expresión directa son los desastres en los países más pobres.
El Mitch puso en evidencia la gran vulnerabilidad de la cual somos presa los nicaragüenses y en este sentido se plantea el reto de tratar a los desastres desde una perspectiva amplia, integradora, explicando y tratando a la vulnerabilidad como producto de una construcción social, empujada por los modelos de desarrollo a la fecha.
Un escalón importante consiste en el consenso entre actores de diversas formaciones, sobre que la gestión del riesgo es el proceso colectivo que a través del cual se reduce no sólo la vulnerabilidad en general, sino y la ocurrencia de fenómenos desastrosos (naturales o antrópicos), pero lo más importante, es que se intenta establecer nuevas pistas para poder emprender el desarrollo sostenible.
Actualmente la propuesta de profesionales de ciencias exactas se traza el reto de llevar el análisis de los riesgos, tratando de incluir las vulnerabilidades a los ámbitos municipales. Propuestas de gestión de riesgos a través de la implementación de herramientas e instrumentos complejos (foto-interpretación, GPS, SIG y otros) de alto costo de adquisición y de mantenimiento, que ciertamente son necesarios para un análisis (amenazas y vulnerabilidades) fidedigno y de propuestas acertadas.
Sin embargo queda en segundo plano la preocupación (necesidad) del manejo de los riesgos que la población debe realizar: el proceso de apropiación (concienciar) de sus realidades, vulnerabilidades, amenazas y oportunidades, con las cuales viven e interactúan. Esto sugiere un gran esfuerzo de los profesionales de ciencias humanísticas para establecer los métodos y técnicas adecuadas para el entendimiento de los desastres y sus diversos componentes de forma objetiva, y consecuentemente se llegue a una predisposición (de parte de la población) hacia la reducción de las vulnerabilidades a través de un proceso que va más allá de la preparación ante desastres, es decir, con propuestas de desarrollo sostenible, reductoras de pobreza.
* El autor es coordinador de proyectos del Centro Humboldt
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