Ramón Romero Alonso*
Los nicaragüenses vivimos apasionados por dos actividades. El beisbol y la política; ambas nos han creado grandes frustraciones. Por ejemplo, tuvimos un presidente que bajó al terreno a dirigir nuestro equipo de beisbol en una serie mundial. Nunca hemos logrado un título mundial en ese tipo de eventos. Por otro lado, vivimos en una permanente y encarnizada lucha política que tiene paralizada nuestra actividad económica y desarrollo social.
El nicaragüense amanece y anochece con la política, viendo los programas televisivos, además, participa beligerantemente en aquéllos que tienen sus teléfonos “abiertos”; desde luego, sus opiniones casi siempre van acompañadas de la crítica poco constructiva y la descalificación. La llamada clase política llena con sus declaraciones las páginas de los diarios en las que abundan la crítica fuerte y la cáustica descalificación. Viven, como dice el doctor Alejandro Serrano, constantemente en la competencia, buscando principalmente los intereses personales y de grupo.
Con frecuencia pienso que además, no sabemos hacer política, somos más bien ciudadanos politizados; por esa razón en la Universidad Americana creamos la Cátedra Abierta de Teoría y Ciencias Política. Recuerdo que en su inauguración decíamos que la cátedra era nuestra contribución para proporcionar a los nicaragüenses, conocimientos de la teoría y la práctica política, a fin de que vayan aprendiendo a hacer política.
Vemos con frecuencia a las instituciones del Estado paralizadas por posiciones políticas; a las organizaciones de la sociedad civil enfrentadas con las instituciones; y a las organizaciones gremiales y principalmente a sus dirigentes, tomando posiciones políticas, olvidándose de los propósitos de las agrupaciones que representan.
Creo que el nicaragüense no debe abandonar su afecto por la política, además está en su derecho. No se trata de apolitizar a la sociedad, se trata de aprender a hacer política, de acercarla a su condición indispensable: la ética.
El antes mencionado doctor Alejandro Serrano dice: “era un sin sentido la existencia de la política sin la ética, porque toda política debe ser una ética en desarrollo”. Parafraseándolo y en otro nivel diré que es necesario tratar de transformar los efectos de la política en nuestra sociedad, pasándola de una situación de entropía a una de negentropía. De una fuerza que tiende a desordenar y perturbar, en una que organice a la sociedad.
Concuerdo en parte con el doctor Óscar Arias, cuando dijo que no debemos ocuparnos sólo de la política. Creo que debemos trabajar por la economía, el desempleo, el bienestar social, la salud, la eliminación de la pobreza extrema, la vigencia del Estado de Derecho, el ordenamiento jurídico.
En consecuencia, el Estado, con la benevolencia de padre y maestro, debe estructurar y desarrollar planes de desarrollo social y económico; las organizaciones de la sociedad civil deben impulsar sus programas, coadyuvando su acción con la del Estado.
Las organizaciones gremiales deben velar con objetividad por las reivindicaciones de sus agremiados; los empresarios, deben aplicar las mejores técnicas que aseguren la efectividad y eficiencia de las empresas; aumentar su capacidad gerencial; lograr con éxito los estándares internacionales de eficiencia.
No dudo que estas últimas consideraciones pueden ser interpretadas como un conservadurismo; pero se trata de ocuparse prioritariamente de la economía, el bienestar social y sobre todo, de saber hacer política.
En párrafos anteriores hablaba de la creación en la UAM de la Cátedra Abierta en Ciencia Política, de sus propósitos y búsqueda. Creo que se deben generar otras iniciativas que busquen iguales propósitos, ya que la adecuada actividad política es indispensable para el ejercicio democrático, y que su finalidad es la equidad, el orden, el beneficio social, aquí es pertinente recordar que Aristóteles decía: la política es el arte del bien común.
La idea expresada por Aristóteles ha sido sostenida por los pensadores a través del tiempo; por ejemplo, Eduardo Haro Tecglen dice que la política es una hipótesis de trabajo por la que se buscan fórmulas de convivencia y de perfección de la sociedad humana. Con lo expresado últimamente, deseamos que nuestro activo y constante hacer político redunde en beneficio de la sociedad..
* El autor es ex-magistrado de la Corte Suprema de Justicia y primer rector de la Universidad Americana.
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