Dar la mano a Bolivia y a Evo Morales

Marcela Sánchez Por muy extraño que parezca, esta capital tuvo un golpe de suerte la semana pasada en Bolivia. Por meses, el inminente colapso del Gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, agravado por la actitud imperturbable de Washington ante la crisis boliviana, amenazó con provocar un radical cambio de rumbo tras 20 años de […]

Marcela Sánchez

Por muy extraño que parezca, esta capital tuvo un golpe de suerte la semana pasada en Bolivia.

Por meses, el inminente colapso del Gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, agravado por la actitud imperturbable de Washington ante la crisis boliviana, amenazó con provocar un radical cambio de rumbo tras 20 años de avances democráticos y reformas de mercado en la nación andina.

Después de que Sánchez de Lozada se vio obligado a renunciar, la oposición que lideró un mes de violentas protestas —que paralizaron al país y dejaron docenas de muertos— prometió aceptar al sucesor constitucional, el vicepresidente Carlos Mesa. Algunos en la oposición le dieron 90 días para atender sus demandas o enfrentar la misma crisis que expulsó a su predecesor.

Ese ultimátum presentado a Mesa por Felipe Quispe, uno de los líderes más radicales de la mayoría indígena boliviana, le ofrece a la administración Bush una valiosa segunda oportunidad. La pregunta clave es si en ese lapso de 90 días, la administración podrá actuar de manera tan rápida y suficientemente radical como para ayudar a Bolivia a que salga del abismo.

El más rápido y obvio paso sería que Washington extendiera la mano a otro líder boliviano con credenciales similares a las de Quispe: Evo Morales, el líder del Movimiento al Socialismo o MAS.

w UN GESTO POSITIVO

Morales es un líder indígena cuya fama como líder nace de los cocaleros bolivianos cuyos cultivos han sido el blanco del programa de erradicación apoyado por Estados Unidos. Morales estuvo cerca de derrotar a Sánchez de Lozada en las elecciones presidenciales del año pasado y desde entonces ha ganado mayor apoyo nacional e internacional. Los sucesos de la semana pasada sólo sirvieron para convertirlo en una figura política, incluso más viable en el futuro de Bolivia.

A pesar de sus conexiones con la coca y sus inclinaciones socialistas, Washington debe luchar contra la tentación de rechazarlo. En cambio, acercarse a Morales sería esencial para Bolivia y un gesto positivo para el resto del hemisferio en un momento en que las políticas de Estados Unidos parecen tan desconectadas con las crisis de la región.

Poco después de que Mesa se posesionara, el embajador estadounidense David N. Greenlee insistió en La Paz en que no habrá tregua en los esfuerzos de erradicación. Claro que Greenlee estaba simplemente repitiendo la política oficial de Estados Unidos y Bolivia, pero bajo las actuales circunstancias estaba de hecho acusando a Mesa de no jugar limpio antes de que pudiera siquiera hacer su primera movida para acercarse a la oposición y responder a sus demandas.

w ALTO COSTO DE NO

AYUDAR A SÁNCHEZ

DE LOZADA…

En forma más constructiva, funcionarios del Departamento de Estado han afirmado “estar listos” para asistir a Bolivia. Pero asistir seriamente a Mesa significa ahora darle lo que se rehusaron a darle plenamente a Sánchez de Lozada cuando vino a pedirlo hace casi un año, a saber, alguna ayuda financiera rápida para responder a dificultades económicas inmediatas en la nación más pobre de Sudamérica y cierta flexibilidad en el tema de la coca que permitiría alguna reconciliación política y social.

Las segundas oportunidades normalmente se presentan con un costo más alto. Los 50 millones de dólares que buscó Bolivia para cerrar su brecha presupuestaria hace nueve meses ahora posiblemente necesitarían triplicarse, según el embajador boliviano Jaime Aparicio.

Sánchez de Lozada, restringido por la insistencia estadounidense de no ceder en las metas de erradicación de coca, no logró construir una alianza con el MAS de Morales, lujo que Mesa no se puede dar. Vista ampliamente como una fuerza mucho menos radical que la de Quispe, MAS “tiene el potencial de madurar en una oposición leal” comprometida con la democracia, según una investigación encargada por el gobierno estadounidense al experto boliviano Eduardo A. Gamarra, director del centro de estudios latinoamericanos y del Caribe de la Florida International University.

Algunos actuales y antiguos funcionarios estadounidenses advierten que acercarse a Morales y al MAS es como hacerlo con grupos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Pero la analogía no funciona. El MAS disfruta de mucho más respaldo popular que las FARC. El MAS gana elecciones mientras que las FARC apenas puede coaccionar a candidatos locales. Los miembros del MAS responsables de la violencia se arman fundamentalmente con palos y piedras, no de las ametralladoras y rifles propios de una fuerza guerrillera.

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