- Campesinos de las montañas de Río San Juan adoptan rubros no tradicionales para salvar bosques y mejorar sus condiciones de vida. La canela es el cultivo de la esperanza junto a la pimienta negra y el cacao con lo que esperan obtener mayores ingresos
Francisco López G.CORRESPONSAL / RÍO SAN [email protected]
Cuando a don José Reynaldo Jarquín Flores le preguntaron que si quería sembrar canela, pimienta negra y cacao en su finca, aceptó sin saber que poco tiempo después estos rubros pasarían a ser parte de sus sueños agrícolas. Ahora lo que más desea es que sus cultivos “no tradicionales”, empiecen a producir masivamente porque sabe que, aunque seguirá sembrando los tradicionales (maíz, frijoles y arroz) ya no tendrá que depender absolutamente de ellos económicamente durante todo el año.
Este campesino vive en la comunidad de Nueva Quezada, próxima a la Reserva Biológica Indio Maíz, donde habitan unos 1,500 pobladores. Para poder bajar a Boca de Sábalos, cabecera municipal de El Castillo, en el Departamento de Río San Juan, primero tiene que recorrer más de 20 kilómetros a caballo (cinco horas de camino) o a pie (ocho horas) otra comunidad llamada Las Maravillas y luego abordar un camión que hace de transporte colectivo otros 20 kilómetros. Ese mismo trayecto tiene que hacer para sacar su producción.
“Yo antes sólo sembraba frijoles y maíz y casi siempre perdía, por más que sembrara, bien era por mucha lluvia o porque no llovía del todo o a veces por las plagas, y cuando lograba sacar algo de producción, los comerciantes me lo compraban muy barato, hasta 200 córdobas el quintal de frijoles y el de maíz en 80 córdobas, no nos quedaba nada, por eso algunos teníamos que vender algunos árboles hasta en 300 córdobas cada uno para poder conseguir unos centavos”, explica el campesino que también es dirigente en su comunidad.
“De 28 manzanas de tierra que tengo, cultivo 12 pero no me daba nada, entendí que tenía que sembrar otra cosa y por eso me dediqué a sembrar canela, cacao y pimienta, y estoy seguro que esto me va ayudar a mejorar la vida de mi familia, yo tengo mucha fe y esperanza en la canela, pero también en los otros productos no tradicionales que estamos sembrando”.
“Le voy a enseñar a mis cinco hijos a sembrar la canela, el cacao y la pimienta para que no se maten trabajando en lo que no les va a dar nada y así también aprenden a dar mejor uso a nuestras tierras y no tiene que cortar los bosques”, dijo muy optimista don Reynaldo.
La iniciativa de introducir cultivos no tradicionales en las comunidades de Nueva Quezada, Maritza Quezada y Nueva Libertad, todas ubicadas en las profundidades de la montaña, nació como parte de la estrategia de fomentar la producción ecológicamente sostenible y socialmente sustentable que impulsa el Instituto para el Desarrollo y la Democracia (Ipade) en la zona de amortiguamiento de la Reserva Biológica Indio Maíz, en Río San Juan, según lo explica la coordinadora de ese proyecto, Melba Navarro.
DETENER FRONTERA AGRÍCOLA
“El objetivo primordial del proyecto en la zona de amortiguamiento de la Reserva Biológica Indio Maíz, es frenar o disminuir el avance de la frontera agrícola a través de la producción sostenible desde el punto de vista ecológico y económico. Tratamos de que la gente tome conciencia que hay que proteger el medio ambiente pero promovemos formas alternativas de producción que les permita mejorar sus condiciones de vida obteniendo mayores ingresos económicos cultivando rubros más rentables”, explicó Navarro.
El nombre del proyecto que ejecuta el Ipade se define como Sistemas de Producción Agroforestal Sostenible para la Estabilización de la Frontera Agrícola en la zona de amortiguamiento de la Reserva Biológica Indio Maíz, esto significa que los campesinos adoptan nuevas técnicas de producción, en el manejo de sus recursos naturales como la tierra y los bosques.
“Por ejemplo, dejan de realizar quemas en las tierras a cultivar, establecen cultivos de abonos orgánicos y reforestan sus fincas, además, se benefician con otros sub componentes que atienden la organización comunitaria a través de la que se desarrollan capacidades propositivas para la solución de problemas de salud, comunicación y vías de acceso”, agregó.
Dijo que todo se realiza con enfoque de género donde las mujeres ocupan un lugar muy importante en los procesos productivos.
“Este proyecto se ejecuta con el apoyo de la Cooperación Austriaca y la ADC, que es un consorcio también austriaco que apoya el desarrollo en países como el nuestro”, agregó la coordinadora del proyecto.
CULTIVOS NO TRADICIONALES
Navarro explicó que antes de iniciado el proyecto, los campesinos de las comunidades beneficiarias sólo cultivaban los productos tradicionales: frijoles, maíz y arroz, pero estos cultivos no son aptos para el trópico húmedo por lo que casi todos los años perciben bajos ingresos, bien sea por sequías, por exceso de lluvias o por plagas como la de ratas, esto les provoca tantas pérdidas que en ocasiones no cosechan ni para el autoconsumo.
Por tal motivo, se introdujeron otros cultivos no tradicionales aptos para la zona de trópico húmedo de Río San Juan. Los cultivos seleccionados fueron la canela, pimienta negra y el cacao como los de mayor importancia por ser los más rentables y con mejor mercado pero también se introdujo la nuez moscada, clavo de olor y pimienta dulce.
“Estos rubros fueron seleccionados por su alta productividad en la zona de trópico húmedo, porque hay gran demanda en el mercado nacional e internacional y por su buen precio”, explicó la funcionaria de Ipade.
Experiencia similar a la de don Reynaldo ha tenido Bernardo Oporta, productor de la comunidad de Nueva Libertad, ubicada también a la orilla de la Reserva, donde habita con sus cinco hijos y su esposa junto a otras cuarenta familias.
“Yo soy como todo campesino, siembro la tierra con maíz y frijol, pero también he cortado madera, nos compran la madera muy barata por eso ahora mejor reforesto, ya he sembrado árboles en cuatro manzanas de mi finca, me han capacitado y me han dado la semilla los del proyecto (Ipade) y me dediqué a sembrar canela”, explica.
“Me convencí de sembrar canela porque mi hermano había sembrado por casualidad un palito de canela, cuando ya estaba grande, un técnico le dijo que lo podía aprovechar y le explicó cómo hacerlo. Le cortó las ramas y sólo a ese palito le sacó 250 córdobas, y eso que no lo cortó todo porque sólo se poda y queda listo para seguir produciendo en un año”, dijo Oporta.
TIENE DEMANDA
La canela es una especie muy demandada a nivel nacional e internacional, es utilizada como aromatizante alimenticio que además aporta un riquísimo sabor a los postres y bebidas, también es utilizada como ingrediente en algunas preparaciones medicinales.
Las plantaciones de canela empiezan a producir a partir del segundo año de sembradas, no obstante, su producción alta comienza a los tres años.
Una manzana de canela bien manejada puede llegar a producir un promedio de entre 500 y 600 libras.
El precio de la canela en el mercado nacional oscila entre los 40 y 45 córdobas por libra, es decir, a este precio una manzana de canela en su etapa de máxima producción puede generar hasta 27 mil córdobas por año.
La vida útil del árbol de canela alcanza los 25 años, lo que significa que una vez sembrado puede estar produciendo durante todo ese período siempre que sea bien manejado.
En tanto el cacao, que es utilizado para producir el codiciado chocolate, de gran demanda mundial, alcanza una productividad de hasta diez quintales por manzana a partir del cuarto año de sembrado, que es cuando alcanza su máxima productividad, su vida productiva puede extenderse por más de 35 años.
En el mercado nacional el cacao tiene un precio que oscila entre los 1,100 y 1,400 córdobas por quintal. Comercializándolo en Nicaragua una manzana puede tener una rentabilidad de hasta 14 mil córdobas por año.
LA COSECHA
El proceso para cosechar la canela es bastante fácil, pero hay que saberlo hacer, hay que tener práctica, explica el campesino Sixto Jarquín.
Paso uno: a los dos años de sembrada se procede a la poda (cortar) de la planta que tiene el grosor necesario, a una cuarta del suelo, se corta con un serrucho preferiblemente y seguidamente se “cura” el tronco que queda, donde brotarán las nuevas ramas.
Paso dos: las ramas cortadas se dividen en trozos cortos y se “raspan” suavemente sólo para quitarles lo verde que cubre la cáscara. Seguidamente con otro trozo de madera sólido se le da golpecitos suaves alrededor de todo el trozo de canela ya raspado para ayudar que se separe la cáscara (corteza) de la madera.
Paso tres: una vez desprendida la corteza se pone la canela en un bidón de plástico para el proceso de fermentado por un día, que se hace con el objetivo de que se concentren el olor y el sabor.
Paso tres: se procede al secado para lo cual se deposita la canela fermentada en bandejas de madera seca y se colocan en un lugar al aire libre bajo sombra y con bastante circulación de aire para su secado, luego de lo cual está lista para empacarla y comercializarla.