- Irrumpen en el mercado local con más ofertas y más volumen…
Amparo Aguilera [email protected]
Desde hace un mes, Alfredo Lacayo vende sopa de mondongo. Pero, contrario a la que se oferta en Masatepe, la suya es congelada. Aunque asegura que tiene la misma “sazón” de la artesanal.
Además, la oferta por libra. A diferencia de las raciones que se comercializan en aquella zona, donde el punto se alcanza recién servida. Es decir, inmediatamente tras la cocción.
El empresario comenta que su sopa la prepara de un día para otro. La hace ayudado con máquinas de cortes y un equipo entrenado, que trabaja con cierto horario, guiados por una “fórmula” cuyo único aditivo, según Lacayo, es la congelación.
Esta conlleva lavar el mondongo, también conocido como la carne de toalla, pasarlo por maceración o sazonarlo y dejarlo enfriar por tres a cuatro horas. Luego, implica la adición de verduras ya cortadas y cocer los ingredientes con agua, por dos horas, en dependencia de la cantidad.
Tras esto, lleva enfriar lo obtenido, es decir la sopa, por unos 40 minutos y a empacarla en bolsas de una libra, con máquinas semiautomáticas. Este proceso por lo menos lo repite Lacayo tres veces por semana, con lo que alcanza 400 libras diarias de sopa, cuya vida útil es indefinida. De modo que la venta le resulta rentable.
BUENA DEMANDA
La sopa de mondongo ya forma parte de la docena de productos congelados que son industria en Nicaragua y que se ofertan, al menos, en las dos cadenas de supermercados con más presencia en Managua.
Alejo Espinosa, gerente de perecederos de la cadena de supermercados La Colonia, dice que de un tiempo acá hay “asomos” de nuevas iniciativas, que incluyen pastas frescas, tacos, queques, mariscos, pollos y hasta sopas congeladas.
Como un esquimal en pleno Ártico, indica que sobreviven a temperaturas de 25 grados bajo cero. Aunque su mejor “punto” lo alcanzan precisamente cuando se calientan.
En este sentido explica que el volumen de ofertas ha crecido respecto a años atrás. A pesar de que productos como los frijoles cocidos desaparecieron del mercado local. Por ejemplo, detalla que del cien por ciento, de alimentos y boquitas congeladas, el 10 por ciento ya lo acapara la fuente nacional. Sin embargo con los eskimos, otra oferta, alcanzan hasta el 30 por ciento.
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Pero no sólo eso. De acuerdo al gerente, los congelados tienen demanda, especialmente en la gente con cierto poder adquisitivo, de manera que cuentan con un mercado cautivo.
“Particularmente creo que vamos hacia adelante. A pesar de que hacen falta en el país más industrias que se dediquen a la fabricación de estos productos, como las hay en Honduras, Costa Rica, Panamá … porque mercado, materia prima, y ganas hay”, argumenta.
Jimena Gutiérrez está clara de esto. Hace dos años vende una docena de queques congelados al mes. Refiere que mantiene la calidad de sus ofertas a puro “punto”.
La empresaria detalla que elabora la masa básicamente con harina, huevos y azúcar. Aunque ésta es más húmeda en comparación a la de los queques comunes. “Porque mi masa queda como el flan o el atolillo, ya que la mojo con rellenos como la crema de mantequilla o gelatina…”, señala.
Sin embargo aclara que ella no los refrigera. “Porque una vez elaborados, mis compradores lo transportan y los mantienen congelados. Así duran hasta dos meses en perfectas condiciones”, apunta, confirmando que gana el 30 por ciento de los 1,000 córdobas que invierte.
MÁS NOVEDADES
Sofía García, administradora de la empresa cuya propietaria es Merilou de Saballos, en cambio oferta más variedades. Uno de los productos que más comercializa son las pastas congeladas, que llaman Ravioli.
También comercializan los Gnocchi, que son hechos con papa, huevos, mantequilla , harina y queso, que congelan tras su elaboración a mano. Otra de las novedades son las Tortelline, que no son más que pastas rellenadas con pollo o espinaca con queso.
Así como los Wantan y tacos chinos. Los primeros en forma de sombreritos y los segundos como rollitos, hechos con masa de harina, pollo cocido y repollo remojado en agua y mantequilla, que combinados los prefríen.
A lo que suman las salsas, elaboradas con tomate entero o picado, orégano, cebolla, aceite de olivo, cebolla, pimienta y albahaca; y los nacatamales, que son fabricados con los mismos ingredientes de los comercializados en la época de diciembre.
Según García, el secreto está en trabajar con dos máquinas que corten y hacen la masa y congelar tras la elaboración, los productos permanecen en buen estado durante cinco meses.
Aunque para esto desembolsaron 10,000 dólares, en la compra de máquinas industriales, que van recuperando con los 4,000 y 5,000 córdobas que aproximadamente obtienen, por ventas a la semana, con las que garantizan hasta un 15 por ciento en utilidades.
A BUEN RITMO
Gerardo Zapata, jefe de abarrotes en supermercados La Unión, asegura que la movilidad de productos congelados nacionales es semejante a la de importados, procedentes de Estados Unidos o de la región centroamericana.
“Ambos rotan. Inclusive algunas veces hasta en un 20 y 30 por ciento más que las ofertas congeladas importadas”, refiere. No obstante admite que hay más líneas extranjeras “por lo que sería bueno, incrementar la nacional porque hay clientes cautivos”, garantiza.
Por lo menos Alfredo Lacayo, empresario de productos congelados, espera hacerle caso. Lacayo planea introducir la sopa de mondongo en todo el territorio, moviendo hasta 2,000 libras de sopa. A la par espera comercializar, a principios del año entrante, ensalada de frutas.
Mientras tanto, Sofía García administradora de la empresa de pastas congeladas, dice que el proyecto para el 2004 es introducir sus ofertas en la capital.
LA NORMA
Según el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio los alimentos congelados deben cumplir con la Normativa Obligatoria Técnica, que incluye ingredientes a utilizar, componentes nutricionales, fabricante, fecha de fabricación, fecha de vencimiento y hasta código de barras.