¡Qué triste!

Edgard Rodríguez C. [email protected] Desde siempre he sentido un gran respeto por los jugadores nicas. Desde los días aquellos en los que viajaban con valijas de madera que se abrían al rodar por el carrusel y revelaban toda la miseria que llevaban dentro. Sus adversarios, portaban samsonite, pero una vez en el campo de juego, […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Desde siempre he sentido un gran respeto por los jugadores nicas. Desde los días aquellos en los que viajaban con valijas de madera que se abrían al rodar por el carrusel y revelaban toda la miseria que llevaban dentro.

Sus adversarios, portaban samsonite, pero una vez en el campo de juego, no se notaban las diferencias.

Los he visto conformarse “con lo que haya” como viático. Sobreponerse a las míseras condiciones en las que a menudo entrenan, pero luego armarse de coraje, y brindar tórridas batallas de esas que emocionan a todos.

Pero ese afecto, no es suficiente para cubrir lo deprimente que resulta su indisciplina.

Es triste.

Aún esta época, los peloteros nicas sufren serias limitaciones. Las valijas ya no son de madera y ni se abren al girar hacia la sala de reclamo de equipaje, pero siguen en desventaja respecto a los rivales que tienen.

Pero nada justifica actitudes tan deplorables como las que se dieron la noche del domingo en el Hotel Riviera, donde un grupo de ellos en estado de ebriedad, se comportó de forma vergonzosa y deprimente.

Fue tan grave el incidente, que el equipo fue sacado del hotel.

Ha llegado el momento, de dejar de ver a esta equipo, independientemente de lo que pase hoy, con un sentido lastimero y justificable de todo lo que hace. Ha llegado el momento de imponer el orden de una vez.

Carlos García lo sabe mejor que nadie y debe asumir su responsabilidad.

Este equipo y todo el sistema del béisbol, necesitan una verdadera revolución. No podemos seguir así, si es que existe el interés de avanzar hacia algún lado. Si el relajo conviene, pues no habrá ningún cambio.

Ya resulta gastado el cuento ese, de que todo el tiempo se han dado indisciplinas, que siempre es así, que no es nada nuevo. ¿Y eso lo justifica? En algún momento hay que cambiar.

En la vida, todos tenemos una misión. Carlos García tiene la suya. La asume hoy, cuando tiene el chance de dar un vuelco en beneficio del futuro del juego, o la deja ir, como sucede a menudo.

Pero después no nos quejemos.

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