Wilder Pérez R. [email protected]
“Toda mi vida me alimenté con guapotes, ya es hora de que los guapotes se alimenten de mí”.
Este fue el último deseo de uno de los cazadores más grandes de Nicaragua y el de más alto nivel en el mundo cuando se habla de guapotes, Hubert J. Gordillo.
En honor de eso, hoy sus familiares y amigos, saldrán en caravana desde Managua hacia la Isla Zapatera, para rociar sus cenizas, a las 2:00 p.m., en el Gran Lago de Nicaragua o Cocibolca, en una despedida emotiva para quienes conocieron su pasión por la caza y la pesca.
En 1998, Gordillo, a los 70 años de edad, pescó un guapote tan grande en el Lago Apanás, en Jinotega, que no se lo comió ni lo disecó, simplemente lo congeló para apreciar aquel animal.
Un año después, un amigo de Estados Unidos, lo visitó para darle la noticia de que había implantado un récord mundial al pescar el guapote más grande del mundo, con 13 libras de peso. Entonces Gordillo sacó su “tesoro” y lo descongeló. Pesó 15 libras.
“El amigo quedó asombrado y dijo: yo ya no soy el campeón, sos vos”, recuerda la escritora Mercedes Gordillo, su hermana menor. El mismo año, la Asociación Internacional de Pesca, con sede en Estados Unidos, lo reconoció como dueño del récord mundial en pesca de guapote, título con el que desde hoy descansará entre los peces que tanto pescó.
En su casa deja innumerables pruebas de su afición. Cuernos de venados, serpientes, una pecera que no tiene peses sino los anzuelos con que los capturó, caparazones, trofeos, diplomas, títulos y el infaltable “gran guapote” disecado.
En su cama, un fólder cita: “Confidencial, Hubert J. Gordillo, armas deportivas, no molestar, no joder”.
CAZADOR PROFESIONAL
La familia definió a Hubert J. Gordillo como un cazador profesional, ya que amaba la flora y la fauna, y únicamente lo hacía por deporte, afición heredada de su papá, José Gordillo.
Por más de 50 años, cuidó de identificar sus presas, matando únicamente animales machos, para preservar las especies, y para promover el respeto por la naturaleza, daba clases gratuitas en su casa, donde enseñaba su filosofía de cacería.
Siempre detestó que la pobreza obligara a los hombres a cazar para sobrevivir, destruyendo indiscriminadamente la fauna de su país, que recorrió de costa a costa en sus aventuras de cazador.
Fue veterano de la guerra de Vietnam, por lo que se le rindió honores en la ceremonia de su defunción en Estados Unidos, antes que sus cenizas fueran trasladadas a Nicaragua.