Edgard Tijerino M. [email protected]
Antes de la última jornada de la fase clasificatoria, los 12 jonrones conectados por Japón, brillan como un alarde de poder frente a los 10 disparados por Estados Unidos y 7 de Cuba. No es que los japoneses no se hayan enterado que están usando madera en lugar de aluminio, sino que han aprovechado la fragilidad de algunos staffs sirve-filetes.
Holanda por ejemplo, ha conectado 11 jonrones, entre ellos los 4 del líder Sharnol Adriana. Estas cifras nos obligan a preguntar: ¿Qué se ha hecho la capacidad de destrucción de los cubanos? ¿Se la llevó el aluminio?
“Actualmente, no tenemos hombres con el poder de Agustín Marquetti, Cheíto Rodríguez, Armando Capiró, Antonio Muñoz, Luis Casanova o el feroz Orestes Kindelán”, me dice el colega de Granma Sigfredo Barros, quien al mismo tiempo recomienda no perder de vista en el futuro, a dos ambidextros de 20 y 23 años, Kendry Morales, sin jonrones hasta hoy, y Frederich Cepeda, que ha conectado dos. Es una rareza, que en un triunfo amplio de 8 por 0 sobre Canadá, Cuba no jonroneó.
El aluminio entró en escena ruidosamente en el Mundial de 1976, y Ernesto López jonroneó contra Baudilio Vinnet en aquel juego en que Porfirio no le permitió carrera al coloso cubano distribuyendo admirablemente, 11 hits.
En ese Mundial del 76, Armando Capiró fue el líder jonronero con 5. No fue récord, porque en la época de la madera, William Prout de Panamá, en 1961 en Costa Rica, conectó 6. Fue en ese torneo que Luis Argüello se voló la cerca por Nicaragua, antes que nuestro equipo pasara cuatro mundiales sin jonronear. La marca jonronera de un Mundial está en poder de Antonio Muñoz, que colocó 8 pelotas en órbita en el Mundial de 1978 en Italia, cuando el pinolero César Monge lanzó un no hitter frente a Bélgica.
El mismo Muñoz compartió el liderato jonronero de 1980 con Luis Casanova. Los dos cubanos metieron 7 pelotas cada uno en las tribunas, y en el Mundial de 1988 en Italia, Casanova volvió a conectar 7. La explosividad decreció en los Mundiales del 90 en Edmonton, Canadá y del 94 en Nicaragua, con Orestes Kindelán conectando 6 y 5 respectivamente, todavía con el aluminio.
La madera regresó en el torneo de Taipei en el 2001, los cubanos vieron “confiscado” su poder. Cuba que había azotado el pitcheo enemigo con 28 jonrones en Italia, vio reducirse su cuota de dinamita a sólo 4, mientras el holandés Evert Jan Thoen se adueñaba del liderato con 3.
En la historia de estos Mundiales, ahora bastante devaluados, Nicaragua tiene dos lideratos, cuando se jugaba con pantalones chingos y bolas de calcetín en 1939 y 40. El legendario Stanley Cayasso y Jonathan Robinson conectaron los únicos dos jonrones en el Mundial de 39 aquí en Cuba, y al año siguiente, sólo Robinson se apuntó un cuadrangular.