- Podría haber huido del país
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Degollador sigue prófugo
| Podría haber huido del país |
Carol Munguía
Corresponsal/Chinandega
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Un clima de persecución se desató en los sectores circunvecinos donde hace tres días fueron asesinadas dos personas en el reparto Rubén Darío, de Chinandega. Un total de 46 llamadas telefónicas, 16 casas allanadas y el cierre de las fronteras, fueron infructuosas para capturar al principal sospechoso de la sangrienta muerte de una anciana y su nieta, la madrugada del viernes pasado.
El comisionado Erick Brenes Castro informó que un equipo continúa tras la pista del asesino de Ridiam del Socorro Borge y Daniela García, abuela y nieta, respectivamente.
“No debo descartar que pueda estar fuera del país, las fronteras están próximas y el sujeto sabe movilizarse hacia los dos países vecinos perfectamente”, dijo el jefe policial.
PADRE PIDE PENA MÁXIMA
Daniel García, padre de la niña asesinada, lucía sereno un día después del sepelio de su hija.
“Tengo siete años de vivir en Costa Rica a donde me fui para buscar empleo, dejando a mis dos hijos bajo la tutela de mi madre”, dijo al iniciar una entrevista con LA PRENSA.
Con acento costarricense, reconoció que por la falta de empleos en Nicaragua, dejó su vivienda y a sus hijos con la esperanza de que no perdieran su año lectivo.
“Yo enviaba dinero a mi familia. Todavía no puedo creer lo que pasó porque para mí es inexplicable”, sostuvo.
Trabajaba en labores de la construcción cuando en el centro de trabajo se apareció su esposa Milagros para informarle de la muerte de su madre y de su hija. “Al principio me puse nervioso, luego dispuse venirme, en el camino me negaba a creer lo que me habían dicho. Volví a la realidad al ver a mi madre y a mi hijita, es un doble dolor que no lo mitiga nada”, expresó.
García dijo sentirse vacío. “No siento nada, ni odio ni rencor. Quién sabe cómo reaccionaría si lo viera frente a mí, no lo sé”, afirmó.
El pide a la Policía que detenga al asesino de su hija. “Mi temor es que siga haciendo más daño a gente inocente”, declaró.
“Apareció hace un año de nuevo a Chinandega y a nuestras vidas”, sostuvo el padre de la víctima.
Se ganó la confianza de la familia una vez más. Y el resultado fue atroz.
SE CONOCÍAN DESDE NIÑOS
Daniel García era un niño de seis años cuando una mañana acompañó a su padre a vender eskimos al parque central de Chinandega. Mientras se agotaban los helados, él y su hermano Eddy, jugaban con unos niños en el sitio público, entre ellos Delvin Bonilla Sevilla.
“Él contó que no tenía donde vivir, que dormía en el parque y que no tenía qué comer”, recuerda. Delvin entonces tenía ocho años y pernoctaba en el parque de Chinandega luego de ser abandonado por su madre biológica.
Ambos se hicieron amigos y Daniel y su hermano le pidieron a su padre lo llevara a su casa. “Al principio mi padre se negó pero insistimos en que se quedara y terminó aceptando”, relató.
Él se ganó el cariño de todos. “Se le dio lo que una madre le pudo ofrecer a un hijo de sus entrañas”, expresó.