- Se abren espacios en el béisbol internacional para los profesionales
Edgard Tijerino M. [email protected]
LA HABANA.- Hace unos años, después de la reunión de Laussane, cuando se decidió abrirle espacio a los peloteros profesionales en los torneos internacionales de béisbol, escribí: No más especulaciones inútiles ni polémicas interminables. Ahora podemos imaginar que estamos en la gran final de unos Juegos Olímpicos, con el bateador más impactante del béisbol amateur, como lo es Omar Linares, enfrentando el reto de los disparos escalofriantes de Roger Clemens y el resultado del partido crucial EE.UU.-CUBA balanceándose en la cuerda floja. Un momento de expectación suprema.
Y me pregunté: ¿Algún día veremos un duelo de este tipo? Es difícil, muy difícil, pero podemos seguirlo soñando.
SHEETS ENVíA UNA SEÑAL
En Sidney 2000, tuve una aproximación: el gran prospecto Ben Sheets, toreó eficazmente a los temibles cubanos encabezados por Linares y Orestes Kindelán hasta cortarles orejas y rabos, arrebatándoles la medalla de oro que ganaron en el 92 y en el 96.
En Sidney, los asiáticos estuvieron fortalecidos con sus profesionales, Australia estrenó su título de Copa Intercontinental, y una crecida Holanda derrotó a Cuba. Noche tras noche, el béisbol produjo fuegos artificiales.
Ha sido ese, sin la menor duda, el más grande torneo de béisbol internacional que he visto en más de 30 años como cronista.
¡Qué pelota señores! Columnistas norteamericanos que cubren las Grandes Ligas, no pudieron ocultar su emoción.
Fue un golpe para los cubanos después de una doble advertencia: sus derrotas en los Panamericanos de Winnipeg en 1999, antes de salvar angustiosamente el oro, y la pérdida frente a los australianos de la Copa Intercontinental.
DOS CORONAS PERDIDAS
Derrotar a los antillanos sigue siendo una proeza, pero se está logrando con más continuidad y con diferentes uniformes. Ya no se ven tan grandes y lejanos, como cuando se les consideró instalados en la cima del Everest del béisbol, con una impresionante arrogancia, siendo destructivos e invencibles.
Claro, el cambio de fuerzas en el nuevo paralelogramo, estaba afectando a Cuba y complicando su futuro.
Sin pretender descalificar a los Mundiales, de los tres grandes títulos que se disputan en el planeta de la IBF, como son Panamericanos, Olímpicos y Copas, Cuba vio esfumarse dos de ellos. Algo sin precedentes.
OTRO “EQUIPO SOÑADO”
Como presidente del COI, Juan Antonio Samaranch cerrando su ciclo, realizó sus mejores esfuerzos en busca de asegurar la presentación de otro “equipo soñado” norteamericano, ahora en béisbol, una de las nuevas disciplinas del programa olímpico.
¿Fue útil para el baloncesto abrirle las puertas al “equipo soñado” de Magic Johnson, Michael Jordan y Larry Bird en los Juegos de Barcelona?.
Hay quienes piensan, que si bien es cierto el espectáculo fue incomparable y se robó la atención del mundo entero, los “monólogos” del equipo norteamericano estableciendo claras diferencias con el resto de competidores, incluyendo la maquinaria de Croacia, dejaron el certamen desprovisto de la menor intriga.
Sin embargo, por vez primera en unos Olímpicos estuvieron sobre el tabloncillo los mejores contra los mejores sin preocuparnos por discutir la legitimidad de los conceptos amateur y profesional.
Que los Juegos Olímpicos produzcan como campeones a “los mejores del mundo” en cada deporte era la obsesión de Samaranch en la recta final de su controversial pero destacada actuación como máximo dirigente del COI.
EL BÉISBOL MÁS COMPETITIVO
Actualmente, durante unos Juegos Olímpicos, en tenis, están los mejores contra los mejores. Igual ocurre en atletismo, natación, baloncesto, pesas, voleibol, judo, ping pong y tantos otros deportes, pero no en fútbol por un razonamiento particular de la FIFA que defiende “su negocio” a brazo partido, y tampoco en boxeo y béisbol.
Un “equipo soñado” en béisbol podría no lograr el dominio aplastante del conseguido en baloncesto por la constelación de “monstruos”. Croacia, Rusia, Puerto Rico, España, Italia, Brasil, no disponen de 12 jugadores del calibre de los que presenta la NBA, y en consecuencia su desventaja es mayúscula, pero en béisbol, sin pretender devaluar el obvio poderío de Estados Unidos confeccionando un All Star impresionante, equipos como Puerto Rico, Dominicana y Japón, serían fuertes competidores, porque cada uno de ellos dispone de suficientes elementos de jerarquía para fajarse.
Es decir que el espectáculo crecería en interés, pero Cuba, con sus fronteras cerradas evitando la exportación de peloteros, vería reducirse drásticamente sus posibilidades frente a los grandes, y atravesaría por dificultades contra equipos como Venezuela, México, Canadá y Panamá, que tienen un buen soporte en las Ligas Menores.
Recordemos que Canadá, vencedor de Cuba en Winnipeg, fue estructurado con ese tipo de material.
FOGUEO CRECIMIENTO
Cuba ha sido el amo absoluto del béisbol amateur en las últimas décadas, y José Antonio Samaranch opinaba que los peloteros de la isla, dueños de asombrosas habilidades, tienen una dedicación fuera de serie, comparable solamente con la que puede verse en las esferas del profesionalismo, pero carecen del exigente fogueo que garantiza el crecimiento.
Rafael Palmeiro y José Canseco no hubieran podido ser tan grandes limitados a estos torneos.
Siempre he creído que el dinero no es el diferenciador fundamental entre el amateur y el profesional. Peloteros de 6 a 8 horas diarias de entrenamiento, con más de 400 turnos en los torneos locales y una sostenida participación en eventos internacionales, escapan a la teoría del Barón de Cubertin, hoy llena de telarañas.
Samaranch siempre estuvo consciente de que el progreso no puede llevarse en un carro fúnebre. Que era urgente revolucionar los Juegos Olímpicos, y más importante aún, poner las cosas en su lugar.
¿Cómo se armarán los equipos que irán a Grecia? De eso depende que se alcance o supere el nivel de Sidney. Los cubanos están conscientes, que con las puertas abiertas para los peloteros profesionales, ahora todo es más difícil para ellos en el territorio de los torneos de la IBF.