El Papa Juan Pablo II saluda a los fieles, en una de las actividades conmemorativas del 25 aniversario de su papado. (LA PRENSA/REUTERS)

“Hasta que el Señor quiera”

Juan Pablo II asegura que no renunciará y pide oraciones para poder cumplir fielmente su servicio Juan LaraEFE y AP CIUDAD DEL VATICANO.- Juan Pablo II, de 83 años, despejó hoy las dudas sobre su futuro como Papa, al pedir al Colegio Cardenalicio, reunido en el Vaticano, que rece por él “para que pueda cumplir […]

  • Juan Pablo II asegura que no
    renunciará y pide oraciones para poder cumplir fielmente su servicio

Juan LaraEFE y AP

CIUDAD DEL VATICANO.- Juan Pablo II, de 83 años, despejó hoy las dudas sobre su futuro como Papa, al pedir al Colegio Cardenalicio, reunido en el Vaticano, que rece por él “para que pueda cumplir fielmente” su servicio a la Iglesia “hasta que el Señor quiera”.

“Os pido que continuéis rezando por mí para que pueda cumplir fielmente mi servicio a la Iglesia hasta que el Señor quiera”, dijo el Papa Wojtyla a los 149 purpurados, siete patriarcas católicos de rito oriental y los presidentes de 109 conferencias episcopales que han llegado al Vaticano a celebrar con él los 25 años de Pontificado y que, coincidiendo con estos festejos, han debatido este cuarto de siglo de papado.

Esta es la segunda vez en tres días que Juan Pablo II afirma que no sólo no tiene intenciones de renunciar al papado, como han especulado algunos medios de comunicación, sino que está dispuesto a gastarse hasta el final de su vida en la difusión del Evangelio, como siempre ha mantenido.

Sus problemas de salud, cada vez más debilitada debido al Parkinson que mina su cuerpo, no le preocupan, y sacando fuerzas de flaqueza pretende seguir dirigiendo la Barca de Pedro y así ya lo manifestó también el pasado día 16 ante más de 50 mil personas que asistieron en la Plaza de San Pedro a la misa solemne por estos 25 años de papado.

“A sabiendas de mi fragilidad humana, Jesús me anima a responder con confianza como Pedro y me invita a asumir la responsabilidad que Él mismo me ha confiado”, afirmó con voz fuerte y firme.

Juan Pablo II recibió ayer a los cardenales en el Aula Pablo VI del Vaticano. Llegó en el sillón móvil especial, que le permite desarrollar su ministerio y desplazarse sin tener que caminar, y presentado aspecto relajado.

Al principio de su discurso tenía la voz fuerte y clara, aunque a lo largo de la ceremonia dio muestras de cansancio.

Como ya es habitual y para no fatigarle, parte del discurso fue leído por el “número tres” del Vaticano, el arzobispo argentino Leonardo Sandri.

Juan Pablo II abogó por la unidad profunda entre todos los pastores al servicio de la Iglesia y les animó a proclamar el Evangelio “hasta el último respiro”.

Les dijo que tienen que estar siempre comprometidos a proclamar el Evangelio de manera “renovada”.

Una vez más reiteró que la Iglesia ama a los pobres y está de parte de ellos. A este respecto, recordó que un ejemplo “emblemático” es Madre Teresa de Calcuta, que mañana proclamará beata.

En nombre del Colegio Cardenalicio le felicitó por los 25 años el cardenal decano, Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien le agradeció el trabajo realizado en este cuarto de siglo, “que nos ha permitido ver la luz de Dios a pesar de un cielo oscurecido por nubes negras y que no prevaleciese la debilidad de nuestra fe”.

Los cardenales regalaron al Papa 175 mil euros (unos 203 mil dólares), recaudados en colectas, para que los destine a ayudar a la comunidad católica de Tierra Santa.

SANTA TERESA

Pobres y poderosos tendrán asientos de primera fila hoy en la Plaza de San Pedro cuando el Papa Juan Pablo II presida la beatificación de la Madre Teresa, poniendo una vez más a prueba su frágil salud para honrar a la monja que tanto admiró.

El Papa quedó tan impresionado por la incansable devoción de la Madre Teresa hacia los enfermos y desposeídos, que aceleró su beatificación tras su muerte en Calcuta, en 1997.

El Pontífice, de 83 años, no siguió la práctica de la Iglesia de esperar cinco años tras la muerte de un candidato para comenzar el proceso de beatificación, que puede prolongarse durante décadas. La santificación es el último paso antes de la canonización.

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