Los equipos orientales no llevaron a sus mejores peloteros al Mundial porque están enfocados en el Preolímpico de Asia. (LA PRENSA/REUTERS)

Un mundial flojo

Edgard Tijerino M.Enviado [email protected] CUBA.- Puede que en estos momentos, las Series Mundiales de béisbol, se hayan debilitado tanto respecto a torneos como el de los Juegos Olímpicos, los Panamericanos y las Copas Intercontinentales, que ocupen el último lugar en el ranking de atracciones. ¿Qué significado tienen ahora los Mundiales? Muy poco. Antes de 1969, […]

Edgard Tijerino M.Enviado [email protected]

CUBA.- Puede que en estos momentos, las Series Mundiales de béisbol, se hayan debilitado tanto respecto a torneos como el de los Juegos Olímpicos, los Panamericanos y las Copas Intercontinentales, que ocupen el último lugar en el ranking de atracciones.

¿Qué significado tienen ahora los Mundiales?

Muy poco. Antes de 1969, Estados Unidos nunca los tomó en serio. Fue en Dominicana, con aquel equipo que encabezaba ese gran pitcher, Larry Osborne, que los norteamericanos mostraron interés en hacer sentir su presencia. Ellos perdieron un electrizante duelo con Cuba, cuando el joven timonel Servio Borges, dejó batear al pitcher Gaspar “Curro” Pérez, y éste conectó el hit de oro empatando el juego.

Antes, en 1967, Estados Unidos con John Curtis, derrotó a Cuba en los Panamericanos arrebatándoles el oro.

En 1970, las batallas Cuba-EE.UU., cargaron de electricidad el Mundial de Colombia, con duelos de pitcheo como el de Burt Hooton y José Antonio Huelga, y en el 72, ya con los asiáticos diciendo presente, la rivalidad entre los dos colosos adquirió ribetes de mayor espectacularidad, con aquel juego que decidió Agustín Marquetti con su impresionante jonrón.

Se inventaron las Copas Intercontinentales, torneos por invitación, no por clasificación, en los cuales el país sede seleccionaba a los equipos que consideraba le garantizaban realce al evento.

Así que los Mundiales se encontraron con un gran reto en lo que a calidad se refiere, porque las Copas se limitaron a 8 competidores, un mayor nivel de exigencia.

Cuando en la reunión de Laussana, Suiza, última vez que conversé con el dirigente cubano Manolo González Guerra, se decide abrirle la puerta a los profesionales por una iniciativa de Samaranch, cambia el paralelogramo de fuerzas.

Previamente, los Olímpicos de Seúl, aún sin Cuba, mostraron mayor compactación y en Barcelona 92, el nivel mejoró. Lo que vimos todavía con bate de aluminio en los Juegos de Atlanta, fue una señal del avance competitivo que se estaba logrando, y en Sidney 2000, el béisbol fue un gran show. Holanda le ganó a Cuba, los asiáticos mostraron toda su dentadura con profesionales, y EE.UU. con Ben Sheets, blanqueó a la poderosa escuadra antillana, quedándose con el oro.

Mientras tanto, Dominicana, Puerto Rico, México y Venezuela, seguían pendientes de incorporar a varios de sus peloteros más brillantes, no en Grandes Ligas, pero sí en las Menores.

En 1999, Winnipeg nos ofreció el mejor de todos los torneos Panamericanos de béisbol y Cuba sufrió mucho para clasificar, y salvó el oro heroicamente frente a EE.UU. No se necesitó de los asiáticos para un torneo fieramente disputado sin un favorito claro.

BAJANDO

Poco a poco, los Mundiales fueron perdiendo nivel de competencia.

Este del 2003, con un equipo de Japón no comparable al que presentarán en la lucha continental, y uno de EE.UU., tampoco medible con el que veremos en el Pre-olímpico de Panamá, más Francia, Rusia y China roja, que juegan usando daipers, y un béisbol poco brillante por parte de México, Brasil, Taipei, Nicaragua, Holanda, Canadá y Panamá, se ve bastante flojo para el hoy más exigente fanático cubano, seguidor de Contreras y los Yanquis, interesado en la postemporada de las Ligas Mayores y el ruidoso paso de los superastros latinos.

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