Edgard Rodríguez C. [email protected]
De acuerdo, ya sabemos que nuestra Selección Nacional de Béisbol es capaz de fajarse un día ante Cuba y situarla contra la pared, y al siguiente, lucir como una incongruencia de la peor calaña.
Eso lo sabemos. Pero a través de la historia no hemos hecho otra cosa que quejarnos de tanta inconsistencia.
Quizá la etapa que mejor grafica tanto contraste sea 1983, cuando tras decepcionar en la Copa de Bélgica, el equipo reaccionó y fue capaz de atrapar una medalla de plata en los Panamericanos de Caracas.
Antes, en 1947, Nicaragua se elevó hasta el tercer puesto en el Mundial de Colombia y se preparó el Estadio Nacional para coronarnos en casa, pero por poco nos vamos sin victoria en ese patético 1948.
A nuestra llegada a Cuba, todos los cronistas se referían con respeto a Nicaragua tras el desempeño en los Panamericanos, pero a la vez, reiteraban sobre los rebotes que hemos dado a través de la historia.
La Selección no necesita más excusas, necesita de un plan bien diseñado que permita aprovechar al máximo momentos como el de Dominicana, para asegurar el respaldo y las mejores condiciones.
No somos estables porque no planificamos, porque hacemos cada día conclusiones de alcance universal, porque después de más de cien años, seguimos jugando al bolsazo, sin una idea clara de hacia dónde vamos.
Y la culpa es de todos. Los dirigentes por no abrirse a nuevas ideas, los directivos por no ver más allá de sus equipos particulares y algunos de nosotros, por nuestra falta de firmeza para cuestionar cuando debe hacerse.
Ayer, algunos peloteros se quejaban que no habían bates suficientes, que el guante que se le entregó no es el de su medida, en fin, muchas cosas. Eso no es concebible en un equipo que viene de impactar en los Panamericanos.
No voy a culpar a Carlos García por no haber tomado la oferta que le hicieron ciertos personajes de nuestro béisbol. Luego supimos que había una serie de detalles que les daban ventajas excesivas sobre el béisbol.
Pero algo hay que hacer. No podemos vivir toda la vida quejándonos.