- Militantes islámicos detenidos que Washington califica de
“terroristas”, cuentan a Newsweek cómo su grupo se adaptó a la lucha contra la ocupación estadounidense
Babak Dehghanpisheh
Taha Mahmud recuerda que creyó que iba a morir. Hundido en la nieve de la montaña hasta las rodillas, avanzaba penosamente hacia su última esperanza de salvación, la frontera iraní. Aviones de combate de los Estados Unidos surcaban el cielo iraquí. Lo buscaban, así como a otros casi 120 extremistas islámicos pertenecientes a Ansar Al-Islam, el grupo kurdo vinculado a Al Qaeda.
Las bombas y misiles estadounidenses ya habían destruido el bastión de Ansar en el valle que se extendía a sus pies. Mahmud se preguntaba si se arriesgaría a que lo mataran los guardias fronterizos iraníes, pero dos bombas estadounidenses resolvieron su dilema. Dos explosiones atronadoras lo hicieron salir despedido hacia Irán, dejando un reguero de sangre producto de una herida en la rodilla izquierda. “Sólo Alá me salvó”, dice Mahmud.
La mayor parte de los kurdos se sentían reconfortados al pensar que Mahmud y sus compañeros se habían ido para siempre. Durante 18 meses Ansar había librado una yihad (guerra santa) fratricida contra sus vecinos kurdos laicos en lugar de ayudarlos a combatir a Saddam Hussein. Cuando los Estados Unidos atacaron su enclave en el mes de marzo, el grupo pareció desaparecer.
Teherán sigue insistiendo en que no se permitió el ingreso a Irán a ninguno de los aproximadamente 900 combatientes de Ansar. Centenares de ellos lograron entrar de todas formas, bienvenidos o no. Ahora se escurren por la frontera y vuelven para proseguir su batalla contra Occidente.
PARTICIPACIÓN EN ATENTADOS
Hay infiltrados de Ansar entre los principales sospechosos de algunos de los ataques terroristas más mortíferos contra los estadounidenses y sus aliados en Irak. Los ataques comprenden el atentado con explosivos que tuvo lugar el 7 de agosto frente a la Embajada de Jordania y la destrucción de la sede de las Naciones Unidas en Bagdad, que se produjo el 19 de agosto. Abu Mussab al-Zarqawi, ex miembro de Al Qaeda sospechoso de planear el atentado contra la Embajada de Jordania, sigue en libertad.
Por otra parte, el fundador de Ansar, el hombre al que se conoce por el nombre de Mullah Krekar, no oculta su entusiasmo por la guerra santa ni siquiera en momentos en que trata de evitar que lo deporten de Noruega. Cada vez hay más indicios de que los combatientes de Ansar cierran filas con los “baazistas” (miembros del Baaz, el partido de Hussein) y los integrantes de Al Qaeda. Un ejemplo de ello es que un presunto miembro de Al Qaeda fue detenido con 11 misiles tierra-aire en Ar Ramadi, al oeste de Bagdad, y dijo a los investigadores que integrantes de Ansar lo habían entrenado en el uso de dichas armas contra los estadounidenses.
¿CUÁNTO APOYO DA TEHERÁN?
Los analistas militares que se encuentran en la región no están seguros de cuánta ayuda recibe Ansar por parte de funcionarios iraníes. Teherán brindó al menos un respaldo tácito al grupo antes de expulsar a Krekar en el año 2002 en un gesto conciliador hacia Washington.
Ahora la Policía iraní lleva a cabo frecuentes operativos en las poblaciones fronterizas, donde detiene y expulsa a todos los integrantes del grupo que encuentra. Sin embargo, algunos de esos expulsados reciben armas antes de partir y muchos siguen usando Irán como refugio. “No es que Ansar haya instalado una oficina en Teherán. Al gobierno iraní no le conviene que se lo asocie con ellos”, declara el sargento Bill Fleck, que tiene 33 años, es miembro de la 101 División Aerotransportada e interrogó a numerosos detenidos. “Pero parece que los iraníes decidieron protegerlos cerca de la frontera”.
Eso es todo lo que el grupo necesita para seguir operando. Mariwan Hussein tiene 20 años y pasó unos cuatro meses oculto ahí con otros integrantes de Ansar luego de que los estadounidenses los obligaran abandonar Irak. Sus superiores le ordenaron que se sumara a otros cuatro combatientes en una casa de la población fronteriza de Marivan. Señala que en la ciudad había unas 30 casas en las mismas condiciones, algunas de las cuales albergaban a 10 o 15 combatientes. Agentes de civil irrumpieron un día en su casa y detuvieron a otros cuatro miembros de Ansar, pero Hussein escapó. Relata que cambió de casa tres veces para evitar que lo detuvieran. Sus superiores lo enviaron de regreso a Irak a fines de agosto. Funcionarios de seguridad kurdos lo detuvieron con una caja de pistolas el 24 de agosto. Durante la entrevista con Newsweek, lanzó una carcajada y luego se puso serio. “Los combatientes de Ansar no le temen a nada”, declaró mirando al frente.
“¡NO VUELVAN!”
El combatiente Taha Mahmud dice que lamenta haberse unido a Ansar Al Islam. Cuando lo descubrieron en la montaña, los guardias fronterizos iraníes lo recluyeron en una celda junto con más de 100 combatientes de Ansar. Unos días después fue trasladado a un hospital militar, donde los cirujanos trabajaron dos horas en su rodilla. Dos semanas más tarde los iraníes lo llevaron otra vez a la frontera iraquí junto con otros 300 hombres de Ansar. Los combatientes recibieron armas, mantas, comida y una advertencia: “No vuelvan”.
Al iniciar su camino, vio que otros miembros del grupo volvían sobre sus pasos y se internaban nuevamente en Irán por otras sendas montañosas. Los guardias fronterizos los observaban sin tratar de detenerlos. Mahmud no había avanzado mucho cuando una patrulla kurda lo detuvo. Señala que lo llevaron a ver a su esposa. Sus captores dicen que lo habían enviado de regreso a Irak en una misión suicida. De ser así, ahora está a salvo tras las rejas. Pero no lo están centenares de combatientes como él.
REGLAS AL ESTILO TALIBÁN
Sangar Mansur, de 19 años, vivía con su padre y sus dos hermanas en Biyara, una población cerca de la frontera iraní a la que los combatientes de Ansar llegaron en el otoño del año 2001.
El grupo impuso severas restricciones de tipo talibán: estaba prohibido fumar, usar jeans y escuchar música. El castigo por beber alcohol era de 100 latigazos. A pesar de ello, cuando le propusieron a Mansur unirse al grupo, éste aceptó. “Era difícil negarse”, dice. “Soy el hijo mayor, y sumarme a Ansar le hizo la vida más fácil a mi familia”.
Se dejó crecer la barba y el cabello para estar a tono con los demás combatientes, entre los que había no sólo kurdos iraquíes, sino también sauditas, turcos, afganos y chechenos. De todas formas, advertía que los extranjeros rara vez se mezclaban con los kurdos, hábito que persistió cuando los estadounidenses empezaron a bombardear.
Los dirigentes árabes ordenaron a los kurdos que resistieran y lucharan. Luego huyeron. Mansur se entregó a las autoridades kurdas. Dice que lamenta haber estado vinculado a Ansar. “Fue un gran error”.
MILITANTES DE PROCEDENCIA DIVERSA
Decenas de soldados de Ansar fueron detenidos en los últimos meses y oficiales de inteligencia kurdos y estadounidenses se dedican a interrogarlos.
Los detenidos que se pusieron a disposición de Newsweek presentaron un panorama inquietante. Se trataba de hombres jóvenes de extracción muy diversa, similares a los integrantes de cualquier organización combatiente, pero hablaban de un grupo que fue cambiando y adaptándose desde que se vio obligado a abandonar la base que tenía en Irak y cuyos dirigentes abrigan un odio implacable contra los Estados Unidos.
Funcionarios de seguridad kurdos y estadounidenses señalan que unos 300 militantes de Ansar se encuentran ocultos en pequeñas poblaciones fronterizas iraníes. El grupo parece estar reclutando nuevos miembros en Baramawa, un campo de refugiados kurdos en territorio iraní, y se dice que la unidad de combate se reorganizó y constituyó pequeños grupos de 10 o 15 miembros, cada uno de los cuales está encabezado por un “emir”.
La mayor parte de los combatientes que fueron detenidos se encontraban desarmados. Antes de salir de Irán sólo les dijeron a qué lugar debían acudir en busca de nuevas instrucciones. Por lo general se trataba de una casa o comercio cerca de la frontera, donde se los enviaba luego a otro lugar de reunión. Sólo después de varias escalas estaba contemplado que recibieran armas y órdenes específicas para un ataque.
“SON MUCHOS”
Paul Bremer, el administrador estadounidense de Irak, estima que “varios centenares” de combatientes de Ansar regresaron a partir de la primavera. “Se trata de un grupo terrorista muy peligroso”, dice, “y son muchos”.
(Con Mark Hosenball en Oslo).
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