Ser agradecidos

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Jordi Gual

Roman, Times, serif»>Opinión económica

Ser agradecidos


Jordi Gual




Las declaraciones del Canciller alemán Gerhard Schröder, en las que ha recordado que los buenos resultados de la economía española se deben, en parte, a los fondos procedentes de la Unión Europea, han sido recibidas con poca deportividad en España.

Se ha señalado, acertadamente, que unas transferencias netas de un uno por ciento del PIB no deben confundirse con un incremento de un punto en la tasa de crecimiento de la economía. Según parece, estas transferencias contribuyen sólo a un aumento de una o dos décimas de punto porcentual de la tasa anual de crecimiento. A los que creemos que este tipo de políticas regionales son de escasa utilidad nos ha reconfortado que se reconozca su reducido impacto, si bien ello plantea algunas cuestiones interesantes.

En primer lugar, si el impacto es tan reducido, probablemente ello corrobora el error de política económica que supone dedicar una parte tan grande del misérrimo presupuesto comunitario a algo tan inoperante. En segundo lugar, si el efecto en el crecimiento es tan limitado, tiene escaso sentido argumentar —como se ha dicho repetidamente— que la reducción de estas transferencias con motivo de la ampliación de la Unión Europea va a tener un efecto negativo en la economía española.

Para sortear la andanada del líder alemán, algunos comentaristas y más de un dirigente político han esgrimido un segundo argumento, más endeble si cabe que el anterior. Se ha recordado al señor Schröder que las transferencias recibidas por España han sido altamente favorables para Alemania, dado el acceso que han tenido algunas compañías alemanas a jugosos contratos de infraestructuras y, en general, a un mercado español de bienes de consumo e inversión en rápida expansión.

Este tipo de argumento evoca el que se utilizó hace algunos años en el debate sobre las consecuencias de los desequilibrios fiscales en el interior de España. En su versión más cruda, las transferencias de renta entre zonas son consideradas por algunos como la contrapartida del acceso al mercado, quedando de esta manera compensado el déficit fiscal con el superávit comercial. La escasa solidez de este argumento se pone de relieve fácilmente si por un momento reflexionamos sobre lo que ocurriría si los alemanes no llevaran a cabo esas transferencias. Dispondrían de un mayor nivel de renta que podrían gastar tanto en bienes de consumo como de inversión. Todos ellos serían abastecidos en gran medida por empresas alemanas y, sin lugar a dudas, mucho más de lo que supone la demanda de productos alemanes cuando estas rentas se gastan en territorio español.

¿Empeoraría el comercio exterior en Alemania? Difícilmente, dado que no existe una relación directa entre el déficit fiscal de Alemania con España y su superávit comercial. Por el contrario, si los alemanes usasen sabiamente el dinero “recuperado”, (invirtiendo en tecnología y capital humano), incluso podrían aumentar su competitividad internacional y mejorar su nivel de vida.

En definitiva, que Schröder citase los fondos estructurales es comprensible, aunque no fuera muy elegante. Y es que en el debate sobre el cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento bien harían nuestros dirigentes en mantener un tono comedido. Aunque es verdad que la evolución de las cuentas públicas alemanas es muy negativa, no es de administrador prudente reaccionar con desmesura y sí, en cambio, ser agradecido.

El autor es profesor de Economía de la Escuela de Negocios de Navarra, España (IESE).

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