Después de un tiempo aprendemos la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, que la compañía no significa seguridad, que los besos no son contratos y los regalos no son promesas. Empezamos a aceptar las derrotas con la cabeza en alto y los ojos bien abiertos, con la simple gracia de un adulto. Aprendemos a construir nuestros caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes. Aprendemos que incluso la luz del sol nos quema. Por tanto decoremos nuestro velorio en lugar de desear que alguien nos traiga flores, porque eso difícilmente va a pasar. Aprendemos cuál es la verdad que podemos soportar. Aprendemos que en realidad somos fuertes.

Después   Dariana Guevara Después   Dariana Guevara Después de un tiempo aprendemos la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, que la compañía no significa seguridad, que los besos no son contratos y los regalos no son promesas. Empezamos a aceptar las derrotas con la cabeza en alto y los ojos […]

Después

 

Dariana Guevara



Después


 



Dariana Guevara



Después de un tiempo aprendemos la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, que la compañía no significa seguridad, que los besos no son
contratos y los regalos no son promesas.

Empezamos a aceptar las derrotas con la cabeza en alto y los ojos bien abiertos, con la simple gracia de un adulto.

Aprendemos a construir nuestros caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes.

Aprendemos que incluso la luz del sol nos quema. Por tanto decoremos nuestro velorio en lugar de desear que alguien nos traiga flores, porque eso difícilmente va a pasar.

Aprendemos cuál es la verdad que podemos soportar.

Aprendemos que en realidad somos fuertes.

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