Slado López, tío del joven buzo Rubén Downs López. (LA PRENSA/ R. ORTEGA)

Muerte y desalojo pende sobre buzo

Familia dice que autoridades de Hospital Militar quieren echarlo porque no tienen para pagar la atención Ary Neil Pantoja y Elizabeth [email protected] Rubén Downs López, de 21 años, es un buzo cuya vida corre peligro, pues las autoridades del Hospital Militar Alejandro Dávila Bolaños, se niegan a continuar atendiéndolo y pretenden desalojarlo de la habitación […]

  • Familia dice que autoridades de Hospital Militar quieren echarlo porque no tienen para pagar la atención

Ary Neil Pantoja y Elizabeth [email protected]

Rubén Downs López, de 21 años, es un buzo cuya vida corre peligro, pues las autoridades del Hospital Militar Alejandro Dávila Bolaños, se niegan a continuar atendiéndolo y pretenden desalojarlo de la habitación donde se encuentra, porque la familia adeuda unos 189,000 córdobas en concepto de servicios médicos.

El joven buzo padece de una severa infección en uno de sus glúteos producto de un accidente. La enfermedad se ha complicado y en el hospital requiere de una máquina para respirar.

Desde el lunes 29 de septiembre LA PRENSA ha intentado obtener la versión de las autoridades hospitalarias, pero el vocero del Ejército, mayor Álvaro Ibarra, dijo que no ha podido comunicarse con el director del hospital para saber cuál es la situación del buzo, quien tampoco puede hablar, pues le practicaron una traqueotomía (un agujero en la garganta para que respire mejor).

El tratamiento que recibe es costoso, pero puede salvarse si continúa con el mismo, según explicó su tío Slado López, quien agregó que su sobrino tendrá que ser trasladado a un hospital público, posiblemente al “Antonio Lenín Fonseca”.

La preocupación de los familiares de Downs López es que un hospital público no cuenta con los equipos necesarios para mantener con vida al muchacho. López dijo que invierten entre 600 y 700 córdobas diarios para comprar un medicamento que requiere su sobrino para recuperarse satisfactoriamente.

El 25 abril de este año, Downs López fue víctima de un accidente mientras realizaba labores de pesca artesanal cerca de los Cayos Miskitos. López dijo que su sobrino trabajaba para una empresa acopiadora de langosta denominada Mar Azul, cuya base está en Puerto Cabezas.

Tras el accidente, dijo López, la empresa no quiso hacerse cargo de los gastos médicos, ya que el joven no trabaja directamente para ellos, sino para el intermediario que es el encargado de suministrar los equipos a todos los pescadores para las labores artesanales. A este intermediario le denominan “sacabuzo”.

Según López, hace 12 días la dirección administrativa del Hospital Militar decidió trasladar a su sobrino hacia un hospital público. Agregó que las autoridades hospitalarias le dijeron que si pagaba al menos la mitad de la deuda, el joven podía quedarse por más tiempo.

MADRE: SÓLO DIOS SABE SI VIVIRÁ

Al entrar a la Sala de Aislados del Hospital Militar los ojos del visitante perciben a Enerita López, de 40 años, sentada en una silla de madera junto a la cama donde está postrado su hijo Rubén Downs.

Esta señora, originaria de Sandy Bay, tiene más de un mes de permanecer casi las 24 horas del día sin dormir y alimentándose a como puede por la falta de dinero. “Sólo Dios sabe si vivirá”, dice mientras sus ojos ven fijamente algunos leves movimientos de su vástago.

El joven, que de vez en cuando abre y cierra los ojos, mientras su boca permanece siempre abierta, está cubierto de los pies hasta el pecho por una sábana blanca. Sin embargo, se puede apreciar una serie de cables y tubos adheridos a varias partes de su cuerpo.

Uno de ellos está colocado en su cuello, pues le practicaron una traqueotomía. Por su orificio nasal izquierdo se desprende una sonda por donde es alimentado cada seis horas.

A lo largo de su cuerpo se pueden apreciar algunos electrodos, pues también está conectado a un monitor cardíaco. Además, le practicaron una colostomía para que pueda defecar sin hacer movimientos bruscos.

Aunque una enfermera aseguró que el joven presentó una leve mejoría, su futuro es reservado porque las úlceras avanzan “y ya llevan tres días sin comprar medicamentos”. A esto hay que agregarle que presenta problemas en su espina dorsal que posiblemente le impidan volver a caminar.

“Yo no sé cómo voy a hacer, no tengo dinero para pagar lo que debo, tenía una panga y la vendí en 30 mil pesos, pero ya se acabaron”, dice la mamá del joven mientras coloca su cabeza en la cama para descansar un poco.

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