- Durante la celebración los feligreses leoneses acompañan la procesión, en la cual se destacan expresiones culturales indígenas, como los bailes del Toro huaco de Sutiaba, El viejo y la vieja, y El cacique Adeac
José Luis GonzálezCORRESPONSAL/LEÓN
Las fiestas en honor a San Jerónimo de Sutiaba, inician en León, con la salida del Santo de la Catedral el 29 de septiembre.
San Jerónimo baja en procesión hacia la Comunidad Indígena de Sutiaba en donde permanece una noche bajo vigilia en la Iglesia de esa localidad. El 30 de septiembre regresa a la Catedral, en donde permanece todo el año.
Uno de los atractivos turísticos de esta fiesta son los más de 28 toros que participan en la procesión. Éstos tienen más de 40 años de tradición.
“Los leoneses conservan los registros documentales históricos de la danzas del Toro huaco y es por ello que difundimos las verdaderas tradiciones culturales de nuestros ancestros, a pesar de la influencia moderna que impera en la sociedad”, dijo Mario Cruz Sánchez, miembro de la junta directiva de los Toros huacos de Sutiaba e historiador.
Danza indígena
La danza del Toro huaco de Sutiaba, es un ritual que practicaban los indígenas para celebrar las buenas cosechas, ceremonias para sus dioses, casamientos y entierros de caciques, entre otros.
Utilizaban máscaras de animales, tales como la serpiente, garrobo, chompipe, mono, búho, lechuza y el personaje principal era el jaguar, considerado por éstos como su gran Dios, por lo general lo representaban los líderes de la comunidad.
La música era de sonidos de tambores (tepoznaztle), ocarinas, pitos de carrizos, caracoles de mar y la vaina del malinche.
Al iniciar el ritual, los líderes pertenecientes a la metrópolis de Sutiaba practicaban el deshojamiento que consistía en matar a un animal o a una persona. Aún vivos les quitaban la piel, luego los lavaban con cenizas para finalmente bailar con la piel del ser sacrificado.
“Esta cultura indígena sufrió cambios drásticos con la colonización, ya que los españoles impusieron la danza del toro para evitar los sacrificios; los indígenas retomaron esta nueva modalidad de celebración como una protesta ante la colonización. Sus ideales nativos persistían a pesar de la influencia dominante de los colonos”, dijo el historiador.