Alberto Rivera Monzón
Por fin un ministro de Educación se queja por la cercanía ilegal de los expendios de licor a las escuelas y/o colegios, como directa y nefasta causa de la perdición de muchos jóvenes a quienes por su afición al alcohol los han expulsado de sus institutos.
Por falta de cultura jurídica hay quienes ven la proliferación de expendios de licor en proximidades de escuelas, iglesias, bibliotecas, etc., como algo inofensivo y normal, y lo peor, como algo que debe defenderse. Conozco casos de sacerdotes que han abogado por la no reubicación de expendios que contradicen el mandato legal y que constituyen irrespeto, abuso, causa de inseguridad ciudadana y exposición de personas, sobre todo de la niñez, al peligro.
El Decreto 163 de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, publicado en La Gaceta número 63 el 21 de noviembre de 1979, señala: “Los billares, bares, cantinas u otros establecimientos de expendio de licor, no podrán establecerse a menos de cuatrocientos metros de distancia de las escuelas, iglesias, hospitales, oficinas públicas, cuarteles, cementerios, planteles viales, teatros, mercados y centros deportivos”.
Por tanto, si la Policía ha cerrado expendios por no cumplir con el citado mandamiento, ha cumplido con su deber. Lo ideal es que no haya contradicción con ciudadanos, mucho menos con autoridades, funcionarios de Educación, sacerdotes y otras personas influyentes, en cuanto a la aplicación del decreto que va en pos de una Nicaragua mejor.
Está bien que el Ministerio de Educación encabece la campaña, pero es deber ciudadano apoyarla porque estamos seguros de que los expendios mal ubicados causan gravísimos daños a los tesoros más valiosos de la Patria: nuestra niñez y juventud.