- Si a Nicaragua se le conoce como tierra de poetas, Somoto es la tierra de los músicos. Así define el profesor Ernesto Balladares a su pueblo natal. Él da clase en uno
de los institutos de esta ciudad, pero se ha dedicado
por 30 años a cantar la música nicaragüense
Martha Marina GonzálezCORRESPONSAL/ [email protected]
El refrán de un pintoresco músico de Somoto que dice: “El que nació para triste, tras la música llora”, parece animar y entusiasmar a la juventud a tocar la guitarra o escuchar las ya famosas bandas filarmónicas porque “la música es como la pimienta y la sal que le pone sabor”, asegura el profesor de música Ernesto Balladares.
La ciudad de Somoto no sólo es conocida por sus deliciosas rosquillas o los burritos, también por su música, la cual ha traspasado fronteras, como el caso de los hermanos Carlos y Luis Mejía Godoy, a quienes los somoteños consideran sus embajadores para promover el arte y la cultura.
Son muchos los guitarristas y compositores en esta ciudad, pero por falta de promoción y recursos económicos, éstos permanecen en el anonimato. Tal es el caso del profesor Ernesto Balladares Velásquez, quien, durante 30 años, se ha dedicado a cantar la música nicaragüense.
Además, es el creador de los himnos de la Escuela Rubén Darío, Instituto de Yalagüina y el Instituto Técnico Rural. Ha escrito unas 30 canciones, entre boleros y son nicas, pero sólo una ha podido grabar en CD. “Me encantaría grabar mis canciones, es el sueño de todo aquel que le gusta la música, no sólo por satisfacción personal, sino que las generaciones venideras deben conocer esa música”, dice
ES MAESTRO
Balladares se dedica a la enseñanza, pero carga siempre la guitarra. “La música me ha servido de ayuda. Llevo la guitarra al aula y canto con los muchachos para hacer la clase más dinámica”, cuenta.
Balladares se inició cuando estudiaba magisterio en la Escuela Normal de Estelí. Ahí aprendió los primeros signos para tocar guitarra con uno de los mejores maestros de música, el fallecido don Joaquín Portocarrero. Él le enseñó las nociones de los instrumentos y formó parte de un coro y, como era muy pobre, la dirección del centro lo prestaba para que cantara en el grupo Los Fugitivos.
Al llegar a Somoto se integró a un grupo que tenía guitarras eléctricas, después fue a estudiar a una escuela. “Uno aprende de oído, pero la escuela es necesaria”, afirma.
Para el profesor Balladares, el haber compartido un tiempo las andanzas con Carlos Mejía Godoy, a quien considera el papacito de todo los músicos de Somoto, le sirvió de gran experiencia porque se estaban iniciando en ese arte.
Sabe tocar magistralmente la guitarra, el requinto, bajo, flauta, piano y acordeón y, aunque no domina a la perfección los instrumentos de viento, en el teclado y cuerda, no le meten la mano.
CREAN ESCUELA DE MÚSICA
Ante la demanda creciente de los estudiantes de querer aprender a ejecutar la guitarra y el teclado, con el apoyo financiero del Ayuntamiento de Lasart-Oria, de España, se creó en Somoto la única escuela de música, donde en la actualidad se preparan 25 estudiantes.
Los primeros resultados la gente los aplaude. El profesor Ernesto Balladares ya formó un grupo artístico con quienes hace sus giras tocando la guitarra y teclado, algunos de ellos, acompañan canciones y está en proceso de formar las voces. Ellos tocan el son nica, polka, mazurcas, rock, y música andina.
Según el profesor Balladares, en Somoto se han destacado en la música, después de los Mejía Godoy, Martha Padilla, Pablo Antonio Rodríguez, quienes cantan, acompañan y componen canciones; Manuel Romero y Mundo Sandoval, recopilador de música regional.
“De aquí han salido grandes músicos, lo que falta es promoción y apoyo a la cultura. Los gobiernos no se interesan por el arte a pesar que Somoto es un pueblo de músicos, aquí hay varias bandas filarmónicas, guitarristas, pero no tenemos respaldo.