Roberto Amador N. [email protected].
Se ha hablado hasta la saciedad de la destrucción de nuestras riquezas naturales. Impresiona mirar la Laguna de Tiscapa, cuando se le sobrevuela. Antes dicha laguna era una belleza de color azul intenso y ahora es un charco de color verdoso. Nuestros bosques han pasado a ser propiedad privada de los poderosos que se han adjudicado miles de hectáreas y llevan la misma ruta que en Haití, donde sólo se ven montañas peladas. Se reclama lluvia, pero no se dan cuenta que la falta de ésta es por el despale despiadado. Los asesinos de nuestros bosques llenan sus bolsas, así como los ineptos que acabaron con Tiscapa: solucionaron sus problemas y acabaron con la herencia de una nación.
Miami Fla.