- Jovencitas y homosexuales llaman para hacer propuestas indecorosas
Roberto Pérez Solís [email protected]
Son las once de la mañana del domingo. Tres horas han transcurrido desde que el capitán Silvio Martínez se hizo cargo del Puesto de Mando de la Dirección General de Bomberos. La misión encomendada no es nada fácil. Durante 24 horas y ante la ausencia de su compañero de turno, le corresponderá ingeniárselas para responder los diez teléfonos ubicados en esa pequeña sala.
El repicar de los teléfonos es constante como también lo es el aumento de la tensión en la sala. Una de esas diez llamadas, dice Martínez, puede significar la triste noticia de que un incendio de gran magnitud está sucediendo mientras se apresura a contestar el teléfono que ha estado repicando con insistencia.
—Aló, Bomberos emergencia— contesta el capitán.
Al otro lado de la línea telefónica una voz femenina y sensual le dice:
—Hola muñeco, estoy sola en la casa y quiero que vengas a visitarme. Sabes que eres bien guapo, yo te conozco.
—Por favor no esté jugando— le replica el capitán.
—No seás así, quiero verte— insiste la joven.
Martínez enojado le cuelga para responder inmediatamente el teléfono satelital color negro, que también ha estado sonando. Esta vez no fue una joven necesitada de amor quien le respondió, sino un niño que sólo dijo “aló” para luego colgar.
“Ya no aguantamos a este tipo de personas, diariamente nos llaman jovencitas para enamorarnos, otros nos dicen vulgaridades y hasta homosexuales nos llaman para decirnos cosas”, afirma con cara de preocupación el capitán.
De acuerdo a registros de la Dirección General de Bomberos a diario reciben un promedio de 300 a 400 llamadas telefónicas, pero sólo unas 30 son de ciudadanos que necesitan ayuda. Para el comandante Ángel Mejía, la situación es desesperante, pues estas personas no respetan días ni horarios.
“Aquí recibimos llamadas a las tres de la madrugada y son gente que andan paseando, divirtiéndose, pero más no saben que los que estamos al otro lado del teléfono estamos trabajando. Eso es una desconsideración, pues por ellos otras personas que quieren ayuda no se pueden comunicar”, indica Mejía.
Quienes más realizan este tipo de llamadas son los menores de edad, niños y niñas que a lo sumo llegan a los diez años. “Los padres tienen mucha culpa porque no reprimen al hijo, no le ponen cuidado”, dijo el comandante.
FALSAS LLAMADAS DE AUXILIO
Explicó que hay ciudadanos que con una voz desgarradora piden a gritos la presencia de las unidades de rescate, pero cuando llegan al lugar de la supuesta tragedia todo está en orden. “Con estas salidas innecesarias las unidades se nos pueden dañar, gastamos el combustible y la vida de los compañeros se ponen en peligro porque van con voluntad y el deseo de solucionar el problema a la gente”, aseguró.
Para el comandante Mejía estas personas irresponsables dejarían de molestar si por cada llamada de emergencia tuvieran que pagar, algo que no se da en la actualidad. “Nuestro país es tan pobre, pero si las empresas cobraran este servicio creo que se calmarían, porque eso no se da sólo con nosotros (los bomberos) entendemos que en todas las instituciones que prestan servicios de emergencia tienen estos problemas”, concluyó.